Somos Agua: Construcción de una nueva generación por los recursos hídricos

  • Con ocasión de su 25° aniversario en Chile, la consultora McKinsey & Company publicó el libro Reimaginando Chile, para lo cual invitó a 50 líderes de opinión a repensar el país para los próximos 25 años y entregar sus propuestas en los temas clave para el país.  
  • Ulrike Broschek, subgerenta de Sustentabilidad en Fundación Chile y líder de Escenarios Hídricos 2030, es una de las líderes convocadas por McKinsey & Co, para abordar el futuro del agua.
  • A continuación compartimos el artículo de Broschek incluido en Reimaginando Chile, que fue presentado el 10 de mayo de 2022.

Chile se encuentra enfrentando diversas crisis sociales, ambientales y económicas, de todas ellas, la del agua ha sido tal vez la más silenciosa a pesar de que se evidencia y proyecta como la que será más profunda, extendida y gravitante para nuestro futuro. Podríamos sobrevivir semanas sin alimentos, pero apenas unos días sin agua, y es que los seres vivos somos entre 70 y 90% agua.

Ulrike Broschek, líder de EH2030, plantea que el diálogo y la colaboración permitirán el necesario cambio de paradigma para un uso sustentable del agua.

La crisis por acceso seguro al vital elemento en nuestro país es también global y por tanto un desafío de la humanidad. Hoy más del 60% de las personas en el mundo vive en zonas expuestas a estrés hídrico, en los que, de acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, el agua disponible no puede satisfacer la demanda de manera sostenible.

Las principales causas de la crisis por el agua son, por una parte, el exponencial aumento de demanda y consiguiente sobreexplotación del recurso por actividades productivas y, por otra, los eventos extremos de sequía e inundaciones ocasionados por el cambio climático que, por cierto, también ha sido provocado por la actividad antropogénica.

La crisis hídrica, el daño ambiental, la crisis de los recursos naturales y el fracaso de la acción contra el cambio climático están clasificadas como los riesgos globales con más probabilidad de ocurrencia, de mayor impacto y máxima amenaza inminente para las comunidades y el planeta, según quedó establecido en el Foro Económico Mundial en los años 2019, 2020 y 2021.

Chile no es ajeno a esta realidad: la disminución de las precipitaciones y el alza de las temperaturas han generado una sequía meteorológica que se extiende por casi todo el país, con cambios significativos entre las regiones de Atacama y Los Lagos, donde vive el 80% de la población. Esta reducción de disponibilidad de agua superficial ha provocado una creciente extracción y presión sobre las reservas de agua subterránea, que disminuyen con riesgo de desaparecer en diferentes zonas del país produciendo pobreza y migración campo-ciudad.

Así lo relata Rosario, presidenta del comité de agua potable rural en Til Til: “Hace dos años los drenes están secos, antes teníamos un poco de agua, pero ahora no sale nada. Conseguimos agua en camiones aljibe, estamos racionando el agua, no nos alcanza para todo el día».

Francisco, representante legal del comité de agua potable rural en Buin, cuenta que también se les secó el pozo que les suministraba agua hace treinta y seis años: “Hace cuatro meses se nos secó uno de los dos pozos que teníamos; hay muchos fundos que han hecho norias y pozos profundos que nos han dejado sin agua. Es crítica la situación para los sectores rurales. Va a llegar el momento en que vamos a tener que racionalizar el agua”.

Ciento diez acuíferos del país se encuentran actualmente con una demanda comprometida superior a su recarga, de acuerdo con cifras de 2015 del Ministerio del Interior. El análisis a los pozos monitoreados por la Dirección General de Aguas (DGA) -analizados desde 1960 a la fecha- muestra que 72% presentó una tendencia negativa estadísticamente significativa, es decir, son aguas subterráneas que eventualmente se agotarán, según estudios del Centro del Agua Cazalac.

Como medida paliativa, en los últimos cinco años el Estado ha debido desembolsar ciento cincuenta mil millones de pesos en camiones aljibes para diez regiones , como lo observó la Fundación Amulén en 209.

Otra reserva crítica que aporta gran parte del agua que baja por los ríos y amortigua años de sequía son los glaciares de la cordillera de los Andes; estos gigantes están ahora en extinción por el cambio climático.

El exponencial incremento de la demanda de agua que provoca su sobreexplotación se ve agravada por el sobre otorgamiento de Derechos de Aprovechamiento de Aguas (DAA) entregados a perpetuidad en las últimas décadas. Los DAA consuntivos y permanentes registrados en el Catastro Público de Aguas de la DGA superan más de seis veces la captación de aguas a nivel nacional.

El 80% de las cuencas hidrográficas [1] analizadas en la zona centro-norte del país ya superaron su umbral de consumo máximo, según la disponibilidad natural de agua, es decir, son territorios en los que existe una presión sobre el recurso hídrico que requiere de un ordenamiento inmediato de la oferta y demanda para sostener su desarrollo.

Uno de los análisis sobre las causas de los principales problemas con el agua en Transición Hídrica (EH2030, 2019) evidenció que las más frecuentes se distribuyen de la siguiente forma: 44% se debe a una deficiente gestión y gobernanza hídrica que impide una adaptación a los nuevos escenarios; 17% por aumento de demanda de las actividades productivas que han sobreexplotado las fuentes hídricas tanto superficiales como subterráneas; 14% contaminación de las aguas por actividades antropogénicas; 12% disminución de oferta por el cambio climático, que se expresa en sequía y aumento de temperatura; 6% daño ambiental de ecosistemas por falta de agua; 5% desastres naturales por eventos extremos; y 2% otros.

© Río Mapocho, Región Metropolitana, Big_Chile

Para Diego Luna Quevedo, Representante en Chile de la Fundación Futuro Latinoamericano y miembro de la Secretaría Ejecutiva de Escenarios Hídricos 2030 el diálogo multisectorial y la construcción colectiva han permitido la generación de insumos y propuestas valiosas para enfrentar la crisis. “El trabajo territorial nos ha permitido constatar que las causas más relevantes de los problemas se debían a una deficiente gestión y vacíos de gobernanza. Nos encontramos con significativas brechas de información para la toma de decisiones, una gran dispersión de la institucionalidad que genera descoordinación, falta de capacidad para fiscalizar y resolver los conflictos en los territorios y carencia de una regulación adecuada para la gestión integrada de recursos hídricos. Es decir, con o sin cambio climático, nuestro país iba a enfrentar una crisis hídrica, este solo aceleró un proceso que ya estaba en marcha”.

Múltiples diagnósticos señalan la necesidad de reestructurar el sistema de gestión de agua en Chile. De acuerdo con el Banco Mundial, en 2013 existían en el país cuarenta y tres instituciones del Estado con atribuciones para gestionar las intervenciones sobre el recurso hídrico. En 2021 contamos con setenta instituciones, lo que indicaría que el problema parece haberse profundizado.

Toda crisis representa una oportunidad

«No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura«.

Albert Einstein

Las proyecciones tendenciales no son alentadoras para nuestro país: se derriten los glaciares, la temperatura subirá entre 1 y 2,5°C, mientras los modelos más severos de la última actualización del balance hídrico nacional proyectan una reducción de hasta un 50% de las precipitaciones en diferentes zonas del país entre 2030 y 2060, según proyecciones de la DGA (2020). 

Chile destaca como el único país latinoamericano que pasará a un estrés hídrico extremadamente alto al año 2040 y está entre los cuatro países del mundo con mayor vulnerabilidad por la alta tasa de cambio de dicha escasez, de acuerdo con proyecciones de 2015 del World Resource Institute.

Los países que actualmente son referentes a nivel mundial por su éxito en la gestión del agua y recursos hídricos tienen en su historia la crisis hídrica como denominador común: Israel, Singapur, Australia y Holanda revirtieron su situación con años de esfuerzo e inversión en un espectro amplio de acciones decididas que hoy los posicionan a escala mundial y nos inspiran.

Los problemas hídricos son abordables, sin embargo, mientras antes se produzcan los necesarios cambios, el costo económico, social y ambiental será significativamente menor.

En medio de un estallido social, una crisis ambiental sin precedentes y una pandemia global ¿podrá nuestro país avanzar y transformar su realidad en una oportunidad de cambio que integre al agua y los recursos hídricos en la ecuación para un desarrollo sustentable?

El problema por el acceso y disponibilidad de agua es estructural, permea todos los niveles: a) legislación e institucionalidad obsoleta para enfrentar los desafíos y garantizar el recurso para las futuras generaciones; b) prácticas de uso que no han valorado el agua como un recurso natural limitado y finito; c) desarrollo productivo sectorial que no integra al entorno y el trabajo colaborativo, y d) desconexión de la humanidad y los modelos de desarrollo productivo con la naturaleza, lo que ha ocasionado su degradación y pérdida sistemática e irreversible.

Se requiere un urgente cambio de rumbo transversal, dialogante e inclusivo, una Transición Hídrica transformadora e innovadora basada en los conocimientos de la ciencia y el conocimiento local. 

Transición Hídrica: el futuro del agua en Chile es nuestro futuro

El futuro no se predice, se construye».

Maurice Blondel

La crisis por el agua se ha convertido en una de las protagonistas del proceso de cambio que Chile está transitando. Situaciones como la creciente articulación de organizaciones ciudadanas, el estallido social del 18 de octubre de 2019, la redacción de una nueva Constitución por una Convención Constitucional -paritaria y con representación de los pueblos originarios-, el avance hacia la descentralización territorial con gobernadores regionales elegidos por la ciudadanía, así como diálogos multisectoriales para el desarrollo de propuestas colectivas, son caminos que abren la oportunidad de converger a la construcción de un futuro más sustentable para las comunidades con una seguridad hídrica [2] más equitativa.

Esto no es ajeno a los desafíos globales para la lucha contra el cambio climático, uno de cuyos pactos más relevantes, el Acuerdo de París, destaca la importancia de “la adaptación al cambio climático mediante mecanismos participativos con reconocimiento de los saberes locales, para reducir la vulnerabilidad al cambio climático y fortalecer la construcción de resiliencia social”.

Estamos en un punto de inflexión como país, en un momento perfecto para cambiar el rumbo y transitar hacia un futuro sustentable, en que el agua sea reconocida y gestionada como parte integral del bienestar social, ambiental y económico, mucho más que solo un recurso para la producción. Es así como vemos este futuro que queremos y que creemos que es posible:

Los habitantes de nuestra nación construirán en los próximos veinticinco años un futuro hídrico enfocado en cuatro ejes fundamentales: 

  • Gestión e institucionalidad del agua: se desarrollará una nueva institucionalidad descentralizada que liderará la gestión transversal y sistémica representada por una subsecretaría de agua o, mejor aún, una agencia nacional de agua y organismos de cuenca. Este proceso, aunque ha sido ampliamente desarrollado en el mundo, no tiene precedentes en nuestro país, por lo que será un camino largo y complejo, aunque habilitador de una debida coordinación y planificación de intervenciones sobre el recurso hídrico, en el que participarán activamente los sectores públicos, privados y comunidades del territorio. Esta nueva institucionalidad nacional y de cuencas tendrá además la tarea de desarrollar nuevas formas de coordinación efectiva con los gobiernos regionales, municipios y organizaciones de usuarios de agua, los que serán fortalecidos en sus capacidades y atribuciones para la mejor gestión local.
© Ciénago del Name, Región del Maule, Gastón Luna
  • Conservación y protección de ecosistemas hídricos: se profundizará la protección de fuentes de agua y caudales ecológicos, tanto en su calidad como cantidad, desarrollando programas de reparación y restauración hidrológica y ecológica de ecosistemas degradados, además de regulaciones e incentivos concretos de protección. Se fomentará la implementación de Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) para restaurar el ciclo del agua. El desarrollo de políticas y planes de ordenamiento territorial priorizará el uso de suelos según su potencialidad y conservación de ecosistemas. Entre las acciones de corto plazo se encuentra la restauración y conservación de ecosistemas acuáticos como riberas, ríos, humedales, bofedales, turberas y glaciares, entre otros. También se fomentará la infiltración natural de aguas en acuíferos, la reforestación de bosque nativo y se promoverán en zonas urbanas los pavimentos permeables, jardines de lluvia y plazas de agua. Estas acciones permitirán frenar el proceso de desertificación y degradación de suelos que actualmente afecta al 76% de la superficie de Chile (Sud-Austral Consulting SpA, 2016).
  • Eficiencia y uso estratégico del recurso hídrico: se priorizará el uso del agua garantizando el derecho humano al agua y caudales ecológicos para conservar los ecosistemas acuáticos. Se intensificará la eficiencia hídrica incentivando y regulando el ahorro de agua, el pago por uso y contaminación de agua, limitando la expansión de uso de suelo en todos los sectores productivos. En el nuevo contexto el desafío será producir con menos agua y suelo. Se fomentará la tecnificación del riego, el cultivo de especies con menor requerimiento de agua, la regeneración de suelos degradados y se desarrollarán pilotos para el estudio y posterior escalamiento de tecnologías emergentes con gran potencial de ahorro, como los invernaderos verticales, uso de cobertores y cultivos hidropónicos. El avance a un 70% de eficiencia en riego permitirá sostener la producción de alimentos, cubrir las necesidades de agua para consumo humano, caudales ecológicos y generar adicionalmente un ahorro de 160 m3/s (metros cúbicos por segundo) de agua para recuperar reservas de agua y sostener así el desarrollo país). 
  • Migración e incorporación de nuevas fuentes de agua: se avanzará en el desarrollo de sistemas de desalación y recarga artificial de acuíferos multipropósito, asociativos, con economías de escala que permitan desacoplar el uso de agua dulce en los sectores productivos y alcanzar seguridad hídrica en todas las áreas. También se avanzará en el reúso de aguas residuales tratadas a nivel urbano y rural, reutilizando las aguas servidas actualmente descargadas al mar por emisarios submarinos, lo que permitirá recuperar 8 m3/s de agua, equivalente al 10% de la brecha hídrica del país.

Dionisio Antiquera, presidente del Comité de Agua Potable de Cerrillos de Tamaya (Ovalle), relata su experiencia de implementar en 2018 un sistema que permite regar seis hectáreas de alfalfa con las aguas que provienen de la planta de tratamiento de la comunidad. “La sequía ha tratado muy duramente a los crianceros. Los animales se han muerto por falta de alimento. La producción de esta alfalfa hace un buen aporte al sector, porque usamos agua que antes se estaba perdiendo y con ella se puede seguir produciendo el pasto para los animalitos”. Cn el apoyo del Gobierno Regional y Fundación Chile se generó un acuerdo donde las ganancias por la venta del heno se reparten entre el agricultor que pone a disposición su terreno (60%) y el comité Cerrillos de Tamaya (40%). Ahora, luego de dos temporadas con una producción mayor a la que habían pronosticado, en el comité están felices con los resultados. “Creo que es necesario dar un paso más grande porque tenemos un montón de agua que estamos perdiendo y, por otro lado, vemos la sequía que nos está golpeando duramente”, concluye Antiquera. 

Mientras la Convención Constitucional discutirá y definirá temas trascendentales que marcarán el futuro, como la declaración del agua como bien nacional de uso público, la propiedad sobre el agua, la priorización de usos del agua (derecho humano y caudales ecológicos), la protección de los ecosistemas acuáticos y el rol de los territorios en la futura institucionalidad del agua, los futuros gobiernos a nivel nacional y regional tendrán un rol relevante en impulsar políticas y planes hídricos, con la debida participación y validación social, política y técnica en cada territorio.

Se deberán construir confianzas, propiciando debates en el marco de un trabajo de participación amplio y colaborativo, en el que se logren los consensos que permitan avanzar y se respeten los disensos. La ciencia y los saberes locales de las comunidades en sus territorios son los llamados a construir las nuevas prácticas y relación con el agua necesarias para transitar el complejo camino que está por delante. Se tendrá que sostener en las próximas décadas un trabajo en los territorios con sentido de urgencia, pero con mirada a largo plazo, construyendo un camino consensuado desde una nueva ética, con actividades productivas desacopladas del uso del decreciente recurso, garantizando su disponibilidad para las próximas generaciones.

El diálogo, la participación, la colaboración y los nuevos modelos innovadores serán una de las claves para impulsar un punto de inflexión y cambio de paradigma que nos lleve a la sustentabilidad con equidad e inclusión social.   

¿Te sumas a la Transición Hídrica, para construir una nueva relación con el agua?


[1] Cuenca Hidrográfica: se considera la unidad base para la gestión de los recursos hídricos. Según la Directiva Marco del Agua, una cuenca hidrográfica es la superficie de terreno cuya escorrentía superficial fluye en su totalidad desde las más alta cumbres también llamada divisora de aguas a través de corrientes, ríos y eventualmente lagos hacia el mar por una única desembocadura, estuario o delta. Chile tiene 101 cuencas hidrográficas denominadas en general según el río principal que lo compone.

[2] Seguridad hídrica: “Capacidad de una población para salvaguardar a nivel de cuenca el acceso al agua en cantidades adecuadas y con la calidad apropiada para sostener la salud de la gente y de los ecosistemas, así como para asegurar la protección eficaz de vidas y bienes durante desastres hídricos – inundaciones, deslizamientos y hundimientos de terreno y sequías-”. (Jiménez, 2015)

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