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Innovación ancestral

¿En qué momento dejamos de atender a las señales de la naturaleza como indicadores claros de cambios? Expresiones como “hace más calor que antes”, “el sol quema más”, “las lluvias constantes inundan nuestras chacras”, “las lluvias son más cortas, pero fuertes y frecuentes”, “los sembrados no crecen lo mismo“, y muchas otras similares dan cuenta de un realidad que al parecer no estamos percibiendo con atención. Quizá es que perdimos la capacidad de observar activamente la naturaleza.

En cambio, nuestros pueblos originarios lo han hecho desde siempre y aún lo siguen haciendo. Ellos logran identificar en la naturaleza aquellas señales que indican un cambio en el clima; esto se suma a su profundo conocimiento de las plantas y animales que habitan los espacios geográficos en los que se desenvuelven cotidianamente, lo que les permite percibir cualquier modificación fácilmente. 

Ese conocimiento ancestral o tradicional ha vuelto a tomar relevancia, principalmente desde su reconocimiento oficial en el Convenio de Diversidad Biológica-CDB (1992). Es fundamental conocer, entender y valorar los conocimientos que tienen los pueblos originarios sobre las variaciones climáticas naturales y los efectos sobre sus actividades productivas, sus relaciones socioculturales y sus comunidades. 

Muchas culturas prehispánicas entendieron que las soluciones de “ingeniería hidráulica” debían ser amigables y respetuosas con la naturaleza y sus servicios ecosistémicos, porque de ello dependía la vida y el bienestar de todos. Y, aun más, les permitía crear una barrera natural resiliente al cambio climático y los desastres naturales, como inundaciones, aludes, etc., que también se presentaron en aquella época. 

¿Pero qué tipo de soluciones son las que se utilizaban y que todavía utilizan nuestros pueblos originarios? Hoy en día hay varias iniciativas que buscan la revaloración de infraestructuras hídricas ancestrales, pues estudios en todo el mundo han encontrado que las antiguas tecnologías para el manejo del agua tienen mucho que enseñarnos. Entre estas infraestructuras ancestrales se encuentran las amunas, excelente ejemplo de infraestructura sostenible. Es una técnica para recolectar el agua de la lluvia, en las alturas andinas, a más de 4.000 msnm, conducirla por acequias de piedra y filtrarla en las fisuras de las rocas para aumentar el volumen hídrico de humedales y manantiales; y, de estas reservas naturales amigables con la biodiversidad, abastecer de agua en época de escasez a las comunidades ubicadas en las partes bajas.

Otro sistema ancestral que se puede destacar son las “cochas”. Consisten en depresiones sobre el terreno que permiten recolectar agua proveniente de escurrimientos superficiales, y son verdaderos humedales artificiales en altura, de gran utilidad para épocas de sequía prolongada. Estas lagunas eran y son utilizadas para retener el agua de lluvia, la que al infiltrarse rellena los acuíferos subterráneos, que dan origen a una infinidad de ojos de agua o vertientes. 

La evidencia revisada durante el desarrollo de la iniciativa Escenarios Hídricos 2030, junto a la visión de sus actores participantes, identifican a la sociedad y el medio ambiente con un rol fundamental para alcanzar la seguridad hídrica y la sostenibilidad del desarrollo en Chile, siendo una de las primeras medidas adoptadas en el mundo para facilitar la adaptación a la variabilidad climática con eventos hídricos extremos (sequías e inundaciones).

Tenemos el deber de comenzar a “pensar distinto”, y quizá mirar a los pueblos originarios e incorporar infraestructura ancestral se puede convertir en una gran alternativa para hacer frente a la escasez hídrica que afecta a muchas naciones en el mundo.

Desde hace un tiempo se ha comenzado a hablar de Soluciones basadas en la naturaleza (SbN) y entre ellas se recogen variadas técnicas ancestrales, ya que cumplen los principios fundamentales de las SbN, entre ellos el hecho de que el bienestar de las personas depende de que los ecosistemas estén intactos y suministren servicios como la fertilidad del suelo, el agua limpia y los alimentos (GIZ, 2012). El impacto positivo de las SbN no es menor; estudios internacionales señalan que el manejo sustentable y la restauración de ecosistemas pueden contribuir con un 33% de las estrategias de mitigación y adaptación al Cambio Climático de manera más costo- eficientes, dado que sus beneficios son 10 veces más altos que los costos involucrados en su implementación (IPBES, 2019).

En la actualidad se reconoce que el problema hídrico debe abordarse desde diferentes miradas, de tal manera de lograr una gestión hídrica sustentable y de los territorios. Tenemos el deber de comenzar a “pensar distinto”. Quizá mirar a los pueblos originarios e incorporar infraestructura ancestral puede ser una gran alternativa para hacer frente a la escasez hídrica que afecta a muchas naciones del mundo. En Chile este desafío es enorme, pues estamos dentro de los países del mundo con mayor estrés hídrico y somos el único país latinoamericano que pasaría a tener un estrés hídrico extremadamente alto en 2040 (WRI, 2015). Frente salir airosos de este reto, tenemos la oportunidad de hacer de las Soluciones basadas en la naturaleza -especialmente aquellas que ya usaban los pueblos originarios- nuestras grandes aliadas.

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