Medio: Revista Universitaria UC

Cuenca hidrográfica: Territorio protagonista de la gestión del agua

  • La Revista Universitaria de la Universidad Católica, en su edición de julio 2021 (N°164), publicó este artículo escrito por Ulrike Broschek, líder de Escenarios Hídricos 2030, sobre la relevancia de la cuenca hidrográfica como la unidad territorial óptima para la gestión del agua de forma integral, multisectorial y multipropósito.
En Chile ha existido una escasa visión integral de estos espacios geográficos, para avanzar en la aplicación de medidas y soluciones adecuadas. Tampoco ha sido fluida la relación de las autoridades con las comunidades, los diferentes usuarios y organizaciones de usuarios de agua, que han sido los principales administradores durante siglos. Aunque sean quienes “mejor conocen su territorio”, con sus intereses propios y directos, los estamentos políticos y técnicos no han logrado conciliar el interés público con el privado, lo que es necesario para lograr la deseada seguridad hídrica.

Los resultados obtenidos en la publicación Radiografía del Agua: Brecha y Riesgo Hídrico en Chile (EH2030, 2018) y otros estudios nacionales e internacionales, dan cuenta del creciente riesgo que enfrenta el país en cuanto a seguridad hídrica, situación que se empieza a reflejar en el aumento de conflictos socioambientales en diversos territorios a lo largo del país. Aspectos como: la situación de las aguas subterráneas, la actual brecha hídrica y la falta de información, muestran que el sistema de gestión presenta fallas. Si a esto sumamos los efectos que ya está mostrando el Cambio Climático, podríamos llegar a un escenario futuro donde sea muy difícil garantizar el recurso para todos los usos. Necesitamos de manera urgente, revertir esta tendencia.

Chile está dentro de los 30 Estados del mundo con mayor estrés hídrico, donde se destaca como la única nación latinoamericana que pasará a un estrés hídrico extremadamente alto al año 2040. Es una de las naciones con mayor probabilidad de enfrentar una disminución en el suministro de este elemento,

debido a los efectos combinados del alza de las temperaturas en regiones críticas y los cambios en los patrones de precipitación (World Resources Institute, 2015).

¿Cómo vamos a enfrentar la situación del agua en Chile?

Los diversos análisis indican la necesidad de cambiar el actual enfoque y generar nuevas formas de gestión del vital elemento. Chile debe iniciar una Transición Hídrica, reconociendo los problemas y limitaciones que ponen en riesgo nuestro propio desarrollo. Es responsabilidad de todos crear puentes y abrir puertas a nuevas formas de hacer las cosas, recuperando las confianzas, uniendo voluntades, dialogando, impulsando políticas y soluciones colaborativas, que permitan construir juntos el futuro del agua al año 2050.

En 2019, se lanzó desde la iniciativa Escenarios Hídricos 2030, liderada por Fundación Chile, Fundación Futuro Latinoamericano y Fundación Avina, una propuesta para una «Transición Hídrica«, la que entrega lineamientos sobre cómo avanzar hacia la seguridad hídrica. Esta propuesta fue co-construida en un proceso de gobernanza multisectorial y en ella participaron más de 150 instituciones nacionales y territoriales de sectores usuarios de agua, organismos públicos, academia y ciudadanía. Cuando se acerca el momento de impulsar un Plan Nacional de Seguridad Hídrica, y finalmente un Plan Hídrico para Chile, creemos conveniente revisitar los fundamentos que permitieron acordar este programa.

Este apuntó a cuatro ejes estratégicos: gestión e institucionalidad; conservación y protección de ecosistemas hídricos; eficiencia y uso estratégico, y mitigación e incorporación de nuevas fuentes.

En este artículo se abordará la necesidad de actuar, especialmente, desde la dimensión de las cuencas, dentro de un ordenamiento territorial descentralizado. Escala necesaria porque en el caso de Chile, cada una tiene distintas características y, por siglos de gestión de las comunidades y titulares de los derechos, ahí están quienes mejor conocen su territorio.

La cuenca es el espacio geográfico donde se da gran parte del ciclo del agua, de las altas cumbres hasta la costa. Es donde se ven los impactos agregados, y a su vez, donde se puede tener mayor control de las intervenciones. Sus usuarios comparten, gestionan, se relacionan e intervienen el mismo sistema. Además, ellos captan, extraen, distribuyen, mantienen y usan el agua, causando efectos en la fuente compartida.

Cada cuenca, con sus propios conflictos entre quienes compiten por el elemento, con la necesidad de adaptarse a los cambios del clima, de proteger sus recursos y su calidad, incluso la educación y conciencia ciudadana, se convierte en protagonista del tema. Sin embargo, para lograr lo anterior, es necesario contar con un marco normativo que la reconozca, entre otros, como la principal unidad de gestión, sus múltiples funciones económicas, sociales y ambientales, así como el derecho humano al agua y la conservación de los ecosistemas.

Estos territorios constituyen un nodo de un sistema hídrico, los que incluyen: cabeceras de cuenca, glaciares, acuíferos, lagunas, riberas, humedales, bofedales, turberas, ríos y otros cuerpos de agua relevantes, realidad que, como se identificó en el reporte, indica la importancia de “mantener la estructura y función de los sistemas hídricos para sostener los múltiples servicios ecosistémicos”.

El mencionado informe reconoció que ha habido en Chile una “escasa visión integral de estas”, para poder avanzar en la aplicación de medidas y soluciones adecuadas. Tampoco ha sido fluida la relación de las autoridades con las comunidades, los diferentes usuarios y organizaciones de usuarios del recurso, que han sido los principales administradores durante siglos. Aunque sean quienes “mejor conocen su territorio”, con sus intereses propios y directos, los estamentos políticos y técnicos no han logrado conciliar el interés público con el privado, lo que es necesario para lograr la deseada seguridad hídrica.

Un trabajo a nivel local

Múltiples son las dimensiones donde la acción local puede ser determinante para la seguridad hídrica, ya que permiten regular los ciclos hidrológicos, manteniendo la calidad del agua dulce y reservas para abastecimiento en temporadas secas, así como amortiguar potenciales desastres por grandes crecidas en zonas inundables o de paso natural de agua.

La reforestación y forestación con especies nativas para disminución de riesgo de desastres naturales, puede ayudar a reducir la ocurrencia e intensidad de aluviones e inundaciones, ya que permiten retener el líquido, infiltrarlo a las napas subterráneas y estabilizar pendientes, bajando así los peligros y desastres causados, además de permitir el almacenamiento del vital recurso para su aprovechamiento durante épocas de sequía.

Dentro del uso estratégico del agua, la tendencia mundial evidencia que frente a la escasez hídrica y los efectos del cambio climático, los sectores prioritarios son el consumo humano, los ecosistemas como base del desarrollo y los sectores vulnerables.

Los grandes objetivos que surgen para la gestión hídrica en las cuencas están relacionados con la búsqueda de mecanismos institucionales, legales y financieros para lograr una mejor gobernanza, colaboración y coordinación entre usuarios;ellos son necesarios para las acciones más diversas, desde gestionar la demanda del recurso con mayor eficiencia, hasta infiltrarlo para recarga de acuíferos por gravedad y en lechos de río.

Quedan algunas preguntas pendientes;¿bajo qué modelo se desarrollará la gestión del agua a nivel de cuenca?, ¿cuál será el rol, objetivos y metas que tendrá la gestión integrada de recursos hídricos por cuenca?, ¿cómo se medirán sus avances y mejoras?, ¿cómo se resolverá la sobreexplotación de las fuentes existentes y el sobreotorgamiento de derechos que produce el estrés hídrico?, ¿cómo se incentiva que los usuarios intensivos en consumo de este elemento, migren hacia nuevas fuentes de agua, reduciendo su extracción desde la cuenca?

Hacia un escenario sustentable

En el caso de Chile, como producto del trabajo multisectorial, se evidenciaron consensos para alcanzar el escenario sustentable impulsando cambios que podríamos sintetizar en siete aspectos: definir una institucionalidad y normativa de agua adecuada; modificar la forma de gestionar y entregar la información; contar con organismos de cuenca, representada por los diferentes usuarios para encabezar la Gestión Integrada de Recursos Hídricos  que se basa en el uso sostenible y la gestión eficaz y equitativa del elemento; eficiencia y reducción en el consumo por parte de todos los usuarios intensivos, utilizando el recurso en forma estratégica y sustentable; mayor colaboración público-privada y visión multipropósito para la implementación de soluciones hídricas de largo plazo; conservación, protección y restauración de los ecosistemas hídricos como principales aportantes del vital recurso y un acceso óptimo de agua para todos y de calidad.

Debe destacarse que, entre las nueve condiciones habilitadoras que estableció la iniciativa, varias tienen una relación con la escala de las cuencas, dentro de las directamente relacionadas se pueden mencionar: el necesario desarrollo de planes de ordenamiento territorial para una mejor gestión y mayor descentralización; el desarrollo de un papel municipal activo, para fomentar el uso eficiente del elemento; el manejo adecuado de los bienes nacionales de uso público; la protección ambiental; protegerse frente a sequías e inundaciones y para el abastecimiento de los distintos grupos de usuarios. De ahí que se reitera, “es fundamental fomentar la generación de unidades municipales orientadas a una adecuada gestión de los recursos hídricos”.

Por último, también en la escala local, se recomiendan tres aspectos de alto interés para avanzar hacia la seguridad hídrica en las próximas décadas: Establecer límites sostenibles de oferta de agua, fomentando la disminución de consumo del recurso; la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, todavía en discusión legislativa y la restauración, protección y conservación de ríos, riberas, glaciares, humedales, estuarios, turberas, aguas subterráneas y bofedales, con el fin de posibilitar el disfrute de los servicios ecosistémicos.

Mientras no haya voluntad política para el desarrollo de una Política Hídrica efectiva, co-construida desde los territorios y en estrecha colaboración con el sector productivo, ciudadanía y especialistas; y el debate se restrinja a la modificación del Código de Aguas y otras acciones dispersas, no se podrá iniciar una Transición Hídrica eficaz y con la urgencia que se requiere para asegurar el desarrollo país. En Chile se conocen experiencias exitosas, como es el caso de la energía que, con la participación de los distintos actores y el liderazgo del Estado, fue capaz de desarrollar una política estatal que cambió un entorno energético incierto y contaminante, por un futuro innovador, no contaminante y diverso. Es lo que esperamos ocurra con este elemento vital para nuestra sobrevivencia y futuro desarrollo como nación.

Mientras no haya voluntad política para el desarrollo de una Política Hídrica efectiva, co-construida desde los territorios y en estrecha colaboración con el sector productivo, ciudadanía y especialistas; y el debate se restrinja a la modificación del Código de Aguas y otras acciones dispersas, no se podrá iniciar una Transición Hídrica eficaz y con la urgencia que se requiere para asegurar el desarrollo país.

Ulrike Broschek
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