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La paradoja del agua: crisis y oportunidad

El cambio climático ha llegado y está cambiando las reglas del desarrollo en el mundo. El aumento de temperatura, eventos extremos de sequías e inundaciones y la sobreexplotación del recurso hídrico están afectando principalmente el ciclo del agua, poniendo en riesgo la vida sobre el planeta. Según datos del Banco Mundial, más del 60% de la población vive en zonas expuestas a estrés hídrico, donde el agua disponible no puede satisfacer la demanda de manera sostenible, mientras que el Foro Económico Mundial advertía el año pasado que la crisis hídrica es uno de los diez riesgos globales con mayor probabilidad de ocurrencia en la próxima década y de más impacto global.

En un informe del World Resource Institute, publicado en 2015, Chile figura como el único país latinoamericano entre las 30 naciones del mundo que pasarán a sufrir un estrés hídrico extremadamente alto y está entre los cuatro con mayor probabilidad de enfrentar una disminución en el suministro de agua al año 2040. Incluso en 2019, nuestro país pasó a ocupar el número 18 entre aquellos con mayor estrés hídrico del mundo, debido a la brecha tan estrecha entre la oferta y la demanda de agua, acercándose así a situaciones de crisis como el denominado “Día Cero”.

Panorama Seco

La crisis hídrica se deja sentir y amenaza con permanecer. Aumenta la temperatura y disminuyen las precipitaciones, el bosque comienza a secarse y crecen los incendios forestales. Los ríos ya no tienen agua y se empieza a extraer aguas subterráneas, mueren los animales, los pequeños agricultores dejan de existir, se inician las migraciones campo-ciudad, las exportaciones y la producción caen. El agua para consumo humano comienza a racionarse y los ecosistemas desaparecen silenciosamente.

La sequía del año 1968-1969 marcó profundamente la historia de Chile. Denominada el “Terremoto Silencioso” por el presidente Eduardo Frei Montalva, afectó a pequeños agricultores y radicalizó las posiciones políticas y sociales de los distintos actores en el campo chileno.

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Nuestro país lidera el último ranking de desigualdad en la distribución de la riqueza de la OCDE (Society at a Glance, 2019), donde el 10% más rico de la población posee el 58% del total de la riqueza. Por otro lado, el 93% del territorio agrícola es del 7,3% de los agricultores, mientras que el 2,4% de esos campos pertenece al 73,4% de los agricultores (ODEPA, 2017). En la actualidad, esta desigualdad ha puesto en discusión nuestro modelo de desarrollo.

¿Chile está preparado para enfrentar un fenómeno de esta naturaleza, con cambios radicales que condicionarán su desarrollo económico, social y ambiental?

La crisis hídrica genera inestabilidad política y social, con costos aún no cuantificados.

Hay diferentes antecedentes que muestran la realidad nacional. El artículo 24 de nuestra Constitución Política (1980) determina que “Los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constituidos en conformidad a la ley, otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos”. Si bien el Código de Aguas establece en su artículo 5 que las aguas son bienes nacionales de uso público y se otorga a los particulares el derecho de aprovechamiento de ellas, éstos han sido otorgados en forma gratuita y a perpetuidad a los particulares. Bajo este modelo, los derechos de agua se transan en un mercado privado escasamente regulado.

La “Radiografía del Agua”, estudio desarrollado en 2018 por la iniciativa multisectorial Escenarios Hídricos 2030 (EH2030), muestra que entre los años 2000 y 2014, se evidenció una sequía meteorológica con un desbalance generalizado, donde las precipitaciones no alcanzaron a cubrir las necesidades hídricas de la cobertura vegetal actual. Por otro lado, las inundaciones y aluviones se han manifestado con mayor frecuencia en los últimos años, con pérdidas económicas, sociales y ambientales no evaluadas. Respecto a las aguas subterráneas, de 203 pozos monitoreados por la Dirección General de Aguas (DGA) ubicados entre la región de Arica y Parinacota y O’Higgins, 147 (72%) presentaron una tendencia negativa estadísticamente significativa, es decir, son aguas subterráneas que eventualmente se agotarán. Los glaciares investigados registran retroceso areal y frontal o pérdida de masa a partir del año 2003.

Otro factor relevante en la brecha hídrica es la sobreexplotación del recurso producto del incremento de la demanda de agua, que se ve agravada por el sobre otorgamiento de Derechos de Aprovechamiento de Aguas (DAA) ocurrido en las últimas décadas. La publicación de Escenarios Hídricos estimó que los DAA consuntivos y permanentes registrados en el Catastro Público de Aguas (CPA) de la DGA y actualizados a diciembre de 2017, superan más de seis veces la captación de aguas a nivel nacional, donde se puede destacar las regiones sur-australes como aquellas con mayor diferencia.

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Además, cerca de un 72% de las tierras del país tiene algún grado de sequía en sus diferentes categorías (Sud-Austral Consulting SpA, 2016) y al año 2018 los embalses sólo ocupaban un 39,8% de su capacidad total. Hay un déficit generalizado de lluvias en gran parte del país: datos de la Dirección Meteorológica de Chile (2019) señalan, por ejemplo, que en la Región Metropolitana esta carencia llegó a un 97% y en Chillán a un 64%. La actualización del balance hídrico de la DGA (2019) corrobora los procesos antes mencionados.

Causas y Soluciones

El documento “Transición Hídrica” (EH2030, 2019) ha evidenciado las causas más frecuentes de los problemas hídricos en cuencas: 44% corresponde a la deficiente gestión hídrica y gobernanza nacional y territorial; 17% se debe al aumento de demanda; 14% a la contaminación del agua y 12% a la disminución de oferta.

Por otro lado, los ecosistemas que prestan servicios ambientales benéficos para la vida y el desarrollo han sido gravemente dañados por la acción antrópica, alterando los ciclos hídricos que acentúan aún más las sequías prolongadas.

El actual gobierno ha debido enfrentar esta gran crisis hídrica, planteando soluciones de corto plazo enfocadas principalmente en aumentar la oferta de agua. El Banco Mundial (2017) menciona que los enfoques centrados en la oferta, si bien son necesarios, rara vez son suficientes para generar un nivel de resiliencia apropiado ante patrones de lluvias erráticos. Una economía enfocada solo en el crecimiento económico a corto plazo y el aumento de oferta hídrica, entrega señales erradas para la sustentabilidad del recurso e inversiones, aumentando la demanda de agua y la ineficiencia del recurso, generando mayor inequidad social y deterioro ambiental, y poniendo en riesgo a la sociedad en su conjunto.

Uno de los mayores desafíos para Chile es lograr equilibrar la oferta y demanda hídrica, desacoplando el desarrollo productivo de las fuentes naturales de agua y conservando los servicios que presta la naturaleza.  

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Según EH2030, las causas más frecuentes de los problemas hídricos en las cuencas se vinculan con una gestión del agua y gobernanzas nacional y territorial deficientes.

Si sabemos que en Chile el 88% del agua es consumida por la agricultura, el 3,8% por la minería y el 6,3% se destina al consumo humano, ¿por qué es la ciudadanía la que debe migrar hacia la desalación y pagar una tarifa más cara por el agua?

Si sabemos que las descargas de aguas residuales que van al mar son un 3,4% del consumo nacional, ¿es apropiado continuar botando esa agua que podría ser tratada para otros usos?

Si sabemos que la evaporación de los embalses superficiales de riego e hidroelectricidad representan un 4,2% del consumo nacional, ¿no convendría explorar otras formas de almacenar el agua?

Si sabemos que continuará bajando la generación hidroeléctrica por la baja de caudales superficiales actuales y proyectados, ¿se buscarán nuevas fuentes para la generación de energía?

Frente a estas interrogantes, la “Transición Hídrica” plantea una nueva mirada enfocada en cuatro ejes principales:

1.    Gestión e institucionalidad del agua: Actualmente la gestión del agua se encuentra distribuida en más de 40 instituciones. Es prioritario contar con una institucionalidad del agua a nivel nacional y local, así como analizar las condiciones regulatorias y económicas adecuadas para adaptarse a las nuevas condiciones.


2.    Conservación y protección de ecosistemas hídricos: Las Soluciones Basadas en la Naturaleza aún son poco conocidas, pero a nivel mundial resultan clave para restaurar el ciclo del agua y adaptarse al cambio climático. En Chile se ha demostrado que al restaurar un 10% de una cuenca con bosque nativo, se logra mantener hasta un 14,1% del caudal superficial durante todo el año (Little y Lara, 2010).


3.    Eficiencia y uso estratégico del recurso hídrico: El manejo de la demanda es importante para la adecuada adaptación, así como el uso de los recursos. Se ha demostrado que no siempre las grandes inversiones representan la solución. Por ejemplo, en Los Ángeles, EE.UU., se dejó de construir una planta desaladora al costo de US$1.216/megalitro al invertir solo US$41/megalitro en programas de mejora de eficiencia y recuperación. Chile tiene un gran potencial de eficiencia y mejoras en la agricultura.


4.    Migración e incorporación de nuevas fuentes de agua: Se debe avanzar en el desarrollo de sistemas multipropósito con economías de escala y desacoplar el uso productivo de agua en la cuenca.

Este modelo de desarrollo busca el equilibrio hídrico para adaptarse a las nuevas y futuras condiciones climáticas, incorporando una mirada estratégica a largo plazo, donde los componentes sociales y ambientales forman parte de la ecuación de desarrollo y la toma de decisiones.

*Esta columna fue publicada en Induambiente.

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