Flat Preloader Icon

“Uno de los principales desafíos fue articular la noción de un ‘mínimo común compartido’, integrando distintas miradas en igualdad de condiciones y sin sesgo”

  • A través de un trabajo abordado “desde abajo hacia arriba”, el diálogo multisectorial que ha liderado Escenarios Hídricos 2030 ha permitido generar propuestas de soluciones que se hacen cargo de los distintos desafíos que tiene el país en materia hídrica. Diego Luna Quevedo, representante en Chile de Fundación Futuro Latinoamericano y facilitador del proceso, explica en esta entrevista que esto ha sido fundamental para crear las bases de una gobernanza que decida e implemente soluciones.

Una de las características de Escenarios Hídricos 2030 ha sido la forma de abordar sus procesos mediante diálogo y co-construcción multisectorial, lo que ha sido clave para poder avanzar hacia lineamientos que permitan enfrentar de forma conjunta la seguridad hídrica del país. Esta forma de trabajo entrega una solución para un panorama donde los actores del sector del agua se encuentran altamente fragmentados, tal y como explica Diego Luna Quevedo, facilitador del proceso y representante en Chile de Fundación Futuro Latinoamericano, institución que junto a Fundación Chile y Fundación Avina forman la secretaría ejecutiva de EH2030.

Más de 370 instituciones han participado en las diversas instancias de trabajo que generó EH2030 en su segunda fase de funcionamiento, de marzo de 2020 a agosto de 2022, lo que permitió trabajar de forma colaborativa a más de 700 personas a nivel local y nacional. Si bien la pandemia tuvo un impacto en la participación presencial, el facilitador del proceso estimó que no influyó en la participación general y en los resultados esperados.

– ¿En qué consistió el diálogo multisectorial y la construcción colectiva en la fase 2 de EH2030?

La segunda fase de EH2030 se ha desarrollado con alta participación en sus instancias de gobernanza y un intenso trabajo colaborativo multisectorial en diversos niveles: en el Comité Consultivo, que brindó la orientación estratégica al proceso; en las mesas temáticas, que aportaron datos e información, discutieron, y retroalimentaron los insumos técnicos puestos en discusión en el proceso; y en las mesas territoriales de las dos cuencas piloto -río Maipo y río Maule-, que proporcionaron la visión desde las cuencas, en base al conocimiento local y las necesidades de gestión y uso del recurso hídrico en el territorio. Adicionalmente, y para el componente de institucionalidad, se crearon mesas sectoriales que aportaron la mirada de aquellos sectores clave relacionados directamente con el uso y gestión del agua y los recursos hídricos en las diferentes regiones del país. Debido a las restricciones generadas por el escenario de Covid-19 en Chile, la totalidad del diálogo debió desarrollarse de manera telepresencial, sin afectar esto de manera alguna la calidad de la participación ni los resultados esperados. Creo que haber llegado a puerto, en estas condiciones excepcionales, ha sido de por sí un gran logro del proceso y sus participantes.

Diego Luna
Diego Luna Quevedo, FFL

– ¿Por qué se eligió esa forma de construcción de las propuestas?

Escenarios Hídricos 2030 ha sido concebido siguiendo los principios de gobernanza del agua de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El proceso de diálogo se ha diseñado y facilitado con un abordaje “bottom-up” desde los territorios, generando soluciones que se hacen cargo de los problemas de las cuencas hidrográficas. En términos simples, hemos avanzado en generar las bases de gobernanza para las soluciones. Los principales resultados han sido una propuesta de Institucionalidad para la Seguridad Hídrica y Hojas de Ruta con medidas concretas para acortar brecha hídrica en las cuencas del Maipo y Maule.

«El proceso de elaborar las Hojas de Ruta para el Maipo y el Maule ha significado una gran innovación social en la forma de mirar las cuencas, llevando la toma de decisiones y la construcción de las soluciones a los territorios, desde lo individual a lo colectivo».   

– ¿Cuál es la principal virtud de trabajar de este modo? 

En términos generales el sector del agua en Chile muestra un panorama de actores altamente fragmentado, por lo cual el primer reto fue construir confianza en el otro con el propósito de construir algo de manera colectiva, un bien público. Una de las principales apuestas, y a la vez desafío, del diálogo facilitado fue articular la noción de un «mínimo común compartido», integrando y ponderando distintas miradas públicas, privadas, académicas y de las comunidades, en igualdad de condiciones y sin sesgos a uno o determinado sector en particular. Hemos hecho nuestro mejor esfuerzo posible por balancear la diversidad de visiones que se registró en el proceso. Se trata de un abordaje conceptualmente diferente al consenso, que incluye la dimensión del «puedo convivir con» ciertos resultados del proceso en pos del bien común, aunque no necesariamente esté de acuerdo con determinadas decisiones. Esto nos ha mostrado que las divergencias también alimentan el proceso. Hemos aprendido a convivir con la discrepancia, visibilizarla y valorarla. Creo que esto es de gran relevancia para construir las políticas públicas que Chile necesita en la actualidad. 

– ¿Ese tipo de procesos es replicable en organismos de gestión hídrica, como por ejemplo, los Consejos de Cuenca?

La crisis del agua en Chile es fundamentalmente una crisis de gobernanza y una transición hídrica justa implica construir nuevas estructuras para la toma de decisiones, más inclusivas, más democráticas, más horizontales. El proceso de Escenarios Hídricos ha sido, por sobre todo, un aprendizaje compartido donde hemos fortalecido nuestras capacidades de diálogo y estamos en mejores condiciones de construir lo colectivo. Esa es justamente la esencia de los Consejos de Cuenca, la colaboración, el deliberar y alcanzar acuerdos que permiten sostener los diversos usos del agua de manera racional en las cuencas. Buscando pavimentar ese camino, el proceso de elaborar las Hojas de Ruta para el Maipo y el Maule ha significado una gran innovación social en la forma de mirar las cuencas, llevando la toma de decisiones y la construcción de las soluciones a los territorios, desde lo individual a lo colectivo.   

«Hemos hecho nuestro mejor esfuerzo posible por balancear la diversidad de visiones que se registró en el proceso. Se trata de un abordaje conceptualmente diferente al consenso, que incluye la dimensión del ‘puedo convivir con’ ciertos resultados del proceso en pos del bien común, aunque no necesariamente esté de acuerdo con determinadas decisiones».