sequía en Chile

Entrevista a Dionisio Antiquera, presidente del Comité de Agua Potable Rural “Cerrillos de Tamaya” de Ovalle:

«El proyecto de reúso de agua tratada es un gran aporte para enfrentar la sequía”

Cerrillos de Tamaya es un pueblo con múltiples puntos de interés. Por ejemplo, en su cementerio en vez de lápidas y cruces, las tumbas tienen réplicas de iglesias; y en su historia se cuenta la construcción de uno de los primeros ferrocarriles de Sudamérica, con el objetivo de trasladar a Tongoy toneladas de cobre que se extraían de su “cerro con corazón rojo”, como decían los diaguitas. Y ahora, hace poco más de un año, inauguró en sus tierras la primera planta de aguas tratadas para ser reutilizadas en labores productivas en una zona rural del país.

Dionisio Antiquera
Dionisio Antiquera


Ubicado 25 kilómetros al noroeste de Ovalle, en la provincia de Limarí, región de Coquimbo, Cerrillos de Tamaya es un apacible pueblo con poco más de 1.600 habitantes, cuyas principales actividades son la crianza de cabras y el cultivo de frutales, muy lejos de su pasado minero, en el que llegó a albergar unas 12 mil almas.


A causa de la pertinaz sequía que agobia a la zona desde hace más de una década, empezó a escasear el pasto para las cabras, así como otro tipo de vegetación. En ese contexto, se implementó la inédita planta, que permite utilizar para el regadío de alfalfa el agua que antes se perdía en una quebrada.


Así lo cuenta Dionisio Antiquera, presidente del Comité de Agua Potable Rural (APR) “Cerrillos de Tamaya”, organización que está detrás de este proyecto que, además de aumentar la disponibilidad de agua les reporta un ingreso extra gracias a la venta del heno.

«La producción de esta alfalfa hace un buen aporte al sector, porque usamos agua que antes se estaba perdiendo y con ella se puede seguir produciendo el pasto para los animalitos”.

“La sequía ha tratado muy duramente a los crianceros. Hemos visto a algunos que le llevan el pasto a sus animalitos prácticamente para sobrevivir, ni siquiera es para sacar leche o para hacer un uso productivo, sino para tratar de llegar al invierno y ver cómo se portan las lluvias; no hay vegetación silvestre en la ladera de los cerros, no brotaron esta primavera porque no ha caído nada de agua”.

“Todos los parámetros dicen que este año no va a llover; vamos a enfrentar más que una pandemia, vamos a estar frente a una catástrofe de nivel agrícola, y ahí es donde la producción de esta alfalfa hace un buen aporte al sector, porque usamos agua que antes se estaba perdiendo y con ella se puede seguir produciendo el pasto para los animalitos”.

TODOS GANAN

La planta de tratamiento fue instalada en 2008 y desde entonces el agua que salía de ella “escurría por una quebrada, en el fondo se perdía, no tenía ningún uso”, explica Antiquera.

Pero en 2018, gracias a un proyecto de Fundación Chile y al financiamiento del GORE, la planta fue transformada y, tras pasar todos los controles, especialmente sanitarios, el agua tratada mediante el sistema de lodos activados pudo comenzar a usarse para el regadío. La APR realizó un acuerdo con el dueño de un predio cercano, donde se destinaron seis hectáreas para la siembra de la alfalfa que se riega con el agua tratada (aproximadamente 6 litros por segundo), proveniente de las casas de unos 650 usuarios de la APR.

“Creo que es necesario dar un paso más grande, el Estado debe promover esto, porque tenemos un montón de agua que estamos perdiendo y, por otro lado, vemos la sequía que nos está golpeando duramente»


Según el acuerdo, las ganancias por la venta del heno se reparten entre el agricultor (60%) y el comité Cerrillos de Tamaya (40%), que tiene ahí un fondo para libre disposición, idealmente para la mantención de la planta.

Al principio, cuenta Antiquera, algunas personas de la APR tenían inquietudes frente al proyecto, si es que les iba a significar un gasto o si tendrían que aportar con mano de obra. “Pero se buscó una fórmula que significó cero gasto y el retorno de los ingresos al término de la producción”.

También hubo algunos prejuicios en torno a la inocuidad de la producción. “Al principio había gente que decía que le podía hacer mal a los animales, pero yo pienso que era gente mal intencionada porque eso nunca ha pasado, ni al agricultor le han reclamado que alguno se haya enfermado por el pasto, ni nada parecido”, comenta el dirigente.

“Además, en el convenio que se hizo en esa época (fines de 2017) participaron las autoridades locales del SAG, INIA e Indap, que estuvieron en la elaboración del proyecto, y también la Seremi de Salud, por supuesto”, agrega.
Ahora, luego de dos temporadas con una producción mayor a la que habían pronosticado, en la APR están felices con los resultados.

EXPERIENCIA REPLICABLE


El proyecto fue pensado como un piloto demostrativo, de tal manera que tanto el comité como el agricultor reciben permanentemente a visitantes que acuden a conocer cómo funciona el sistema y las posibilidades de replicarlo en otros APR.
“Hemos tenido hartas visitas, mostramos lo que hemos hecho, entregamos toda la información. Hemos visto harto interés, en especial de parte de agricultores, pero no tengo conocimiento de que se haya hecho algo parecido en otro lado”, relata el líder rural.

El hecho de que esta exitosa experiencia no haya sido replicada le parece muy preocupante, considerando la falta de agua.
“Creo que es necesario dar un paso más grande, el Estado debe promover esto, porque tenemos un montón de agua que estamos perdiendo y, por otro lado, vemos la sequía que nos está golpeando duramente”, concluye Antiquera.

**Más información sobre el proyecto en ficha 154 del libro “MAS seguridad hídrica, Medidas, Acciones y Soluciones”.

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