crisis del agua

Crisis hídrica, reactivación y soluciones urgentes

  • Esta columna fue publicada en La Tercera el 10 de julio de 2020.

Si bien la lluvia caída durante los últimos días ayuda a palear el déficit hídrico de Chile, la crisis seguirá presente. No hay duda que uno de los impactos más severos del cambio climático en Chile es la baja disponibilidad de agua, sin embargo, no hay que perder de vista que la principal causa estructural de la crisis hídrica que el país atraviesa radica en gestión y gobernanza. 

Falta de transparencia en el mercado del agua a nivel de cuencas, descoordinación de las instituciones y traslape de competencias, temas críticos de gestión que quedan en tierra de nadie, datos e información insuficiente para la toma de decisiones, limitada fiscalización de los usuarios, carencia total de marco normativo e institucional para gestión integrada a nivel de las cuencas, más desconocimiento e insuficiente fiscalización de las extracciones ilegales de agua, son parte fundamental del problema.  

«Chile no puede seguir dándole la espalda a las soluciones basadas en la naturaleza. Invertir en ellas significa aumentar la disponibilidad de agua para todos los usos, mejorar calidad, regular ciclos hidrológicos, y proveer infraestructura natural de almacenamiento y conducción de agua, generando adaptación y resiliencia»

Si miramos el vaso (de agua) lleno y pensamos en la urgencia de la reactivación sostenible que Chile necesita para comenzar a salir del loop de la crisis, Escenarios Hídricos 2030 ha planteado cinco medidas “no regret” para enfrentar la problemática del agua en el corto plazo  i) inversiones en servicios ecosistémicos para la conservación y uso racional del recurso, ii) restauración y conservación de ecosistemas hídricos, iii) desarrollo de sistemas de captación de aguas lluvia, infiltración y recarga de agua iv) plan de ahorro y eficiencia en riego en la gran agricultura y v) reúso de aguas residuales urbanas en emisarios submarinos. Cada una de estas medidas significa inversión público-privada, empleos y beneficios económicos, sociales y ambientales para los territorios. Tenemos que ser capaces de avanzar en acciones de corto plazo para ir más allá de grandes embalses y desaladoras. 

Chile no puede seguir dándole la espalda a las soluciones basadas en la naturaleza y seguir perdiendo cada día glaciares, humedales, salares, vegas altoandinas, bofedales y turberas. Invertir en estas soluciones significa aumentar la disponibilidad de agua para todos los usos, mejorar calidad, regular ciclos hidrológicos, y proveer infraestructura natural de almacenamiento y conducción de agua, generando adaptación y resiliencia. Es el ciclo del agua como la base para la gestión. 

Otro foco prioritario es la gran agricultura. Urge implementar un plan de ahorro y eficiencia en riego, considerando que a nivel nacional existen 1.035.843 hectáreas de riego, de las cuales 790.519 has (76%) posee sistemas ineficientes. La eficiencia en riego a nivel país podría llegar a dejar disponibles 226 m3/s de agua. Como referencia, el sector agrícola capta 453 m3/s a nivel nacional, el doméstico 54 m3/s, la industria 11,5 m3/s y la minería 13,2 m3/s.  La principal falla que se debe abordar aquí es la falta de incentivos y regulación adecuada que hasta ahora ha impedido un avance en el ahorro y uso óptimo del agua. 

Si hablamos de reactivación sostenible y soluciones urgentes para enfrentar la sequía tenemos que avanzar decididamente en una transformación estructural del modelo de gestión del agua, incluyendo la forma de asignación de derechos de aprovechamiento, una nueva institucionalidad que responda a la gestión en un escenario de emergencia climática y una política pública que brinde seguridad hídrica a Chile, contando con la necesaria validación social, política y técnica. Esta transformación requiere de un nuevo rol del Estado, mucho más allá de ser administrador de un mercado de agua, pasando a ser  líder, gestor y garante del derecho humano al agua, asegurando caudales ecológicos para los ecosistemas y facilitando el recurso requerido para sostener los sectores productivos. Solo así, podremos integrar el agua en la ecuación de los ODS para el bienestar humano de Chile.   

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