Chile resiliente

Reactivación sostenible para un Chile resiliente

*Esta columna fue publicada en Ladera Sur el 18 de junio de 2020

Hace poco más de una semana, 600 instituciones chilenas se sumaron a un llamado nacional para una reactivación sostenible. En muy pocos días la iniciativa logró la adhesión de representantes del mundo empresarial, público, científico, medioambiental, sociedad civil y la ciudadanía en general. Hacía tiempo que no se veía en Chile un consenso tan rápido y transversal. El llamado hizo referencia, entre otras cosas, a que los recursos desplegados para enfrentar la emergencia sanitaria y reactivar la economía post-crisis se inviertan inteligentemente, resolviendo los temas urgentes, pero también evitando que sean una carga para las próximas generaciones. Se planteó alcanzar una recuperación económica bajo un enfoque de desarrollo sostenible y resiliente.

Días atrás hemos visto salir a la luz el acuerdo político sobre el Plan Económico de Emergencia, que tiene foco en protección social, reactivación económica y empleo. Si bien se valora la urgencia de ir en auxilio de los sectores más vulnerables, genera profunda preocupación el hecho de que no se haga un guiño a la reactivación sostenible.

El texto de la propuesta hace referencia a “inversión con énfasis verde y mitigación del cambio climático” pero esto queda reducido a la construcción de embalses y desaladoras, entre otros. Chile pareciera de a ratos, no entender de otro desarrollo que no sean las grandes obras, dándole la espalda a las soluciones basadas en la naturaleza.

Esto es un indicador de que la clase política en su conjunto y quienes toman las decisiones, siguen sin entender las causas estructurales de la crisis que estamos atravesando. La reactivación económica de Chile no puede seguir siendo a costa del medio ambiente y de nuestros recursos naturales y las externalidades negativas de los proyectos de inversión no las pueden seguir pagando los territorios y las comunidades. Es justamente este el modelo que nos ha llevado a las actuales crisis; social, sanitaria, hídrica y climática. En ese sentido resulta más preocupante aún, la inclusión de aspectos relacionados con fast track para los proyectos de inversión, reduciendo tiempos de evaluación ambiental.

Bahía Lomas
Santuario de la Naturaleza Bahía Lomas, Foto de Diego Luna.

Por ejemplo, para enfrentar la sequía que atraviesa Chile, la iniciativa Escenarios Hídricos 2030 ha venido relevando las oportunidades que revisten aquellas soluciones de conservación y restauración de ecosistemas hídricos para abordar la crisis del agua. Según IPBES, el manejo sustentable y la restauración de ecosistemas pueden contribuir con un 33% de las estrategias de mitigación y adaptación de manera más costo- eficientes, dado que sus beneficios son 10 veces más altos que los costos involucrados en su implementación. Esto contribuye, además, a la producción sostenible de alimentos, acceso al agua y reducción de riesgos de desastres, entre otros beneficios.

Adicionalmente, en la Consulta Nacional del Agua, un 81% de las respuestas mencionó la conservación de ríos, lagos, humedales, como acción prioritaria de implementar para hacer frente a la sequía.

La evidencia técnico-científica es clara y contundente respecto a la necesidad de integrar en los esfuerzos de reactivación económica, inversiones para restauración y conservación de bosque nativo, humedales, ríos y riberas, cabeceras de cuencas, bofedales y turberas.

Se posibilita así aumentar disponibilidad de agua para todos los usos, mejorar su calidad, regular ciclos hidrológicos, y proveer infraestructura natural de almacenamiento y conducción de agua, brindando resiliencia frente a desastres y mitigando inundaciones, reduciendo la erosión y remoción en masa de sedimentos. Se conserva la biodiversidad, se protegen las costas, se mantienen hábitats y medios de vida, y más aún, se reducen costos. Es un negocio redondo por donde se lo mire.

Resulta altamente probable, que si los esfuerzos de reactivación no se alinean rápidamente con compromisos climáticos y cierren la puerta a las soluciones basadas en la naturaleza, se terminen de profundizar las causas estructurales que tienen sumido a Chile en una crisis multidimensional.

Mientras tanto, en medio de la pandemia y más allá de las fronteras de lo posible, el World Economic Forum lanza su iniciativa el “gran reset” (“Great Reset“) y la Alianza de Ambición Climática articula la campaña mundial “Race to Zero” para movilizar el liderazgo y el apoyo de las empresas, las ciudades, las regiones y los inversores en favor de una recuperación sana, resiliente y con cero emisiones de carbono, que cree puestos de trabajo, desencadene un crecimiento inclusivo y sostenible, y reduzca el riesgo de crisis futuras.

Se multiplican los llamados de diversos líderes gubernamentales, así como también de empresarios, inversionistas, y bolsas de comercio del mundo (WEF, Business Roundtable, WBCSD, SSE, BlackRock entre otros) para avanzar hacia un sistema económico con mayores niveles de inclusión y sostenibilidad.

Si bien la urgencia de hoy es enfrentar juntos la pandemia, debemos aprovechar la oportunidad para cambiar el rumbo y hacer los cambios estructurales necesarios para salir de la espiral de crisis. No hay duda que son millones las chilenas y chilenos que anhelan construir una sociedad más justa, inclusiva, sostenible, innovadora y con una economía competitiva, que nos permita recuperar los equilibrios de la naturaleza en beneficio de las actuales y futuras generaciones.

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