El aporte de las especies nativas

A medida que se acerca el verano y vemos cómo el termómetro supera los 30 grados en muchas ciudades del centro del país, también observamos cómo los jardines y parques “tradicionales” comienzan a requerir una mayor frecuencia y cantidad de riego. En un país que lleva más de 12 años de megasequía parece inconcebible que parte de ese riego se realice con agua potable y, sin embargo, es así.  

Si bien el consumo de agua en las ciudades de nuestro país representa solo el 6,3% -considerando la huella azul- (EH2030, 2018), esa cifra no deja de ser relevante en momentos de crisis hídrica. Hasta ahora se han realizado algunas campañas promoviendo el ahorro del consumo domiciliario con acciones como duchas más cortas o cerrar la llave durante el lavado de dientes, pero podemos ir un paso más allá, recurriendo a la flora nativa y especies xerófitas, que no solo requieren mucho menos riego, sino que además ayudan a mantener el agua en los acuíferos y permiten aumentar la biodiversidad. 

La vegetación en las ciudades es indispensable para la salud física y mental de los habitantes, y también para reducir la temperatura, pero no debe ser necesariamente pasto o plantas exóticas, pues en el país contamos con una extensa variedad de plantas nativas, igualmente hermosas, aromáticas y cuyo requerimiento de agua es acorde a los diversos climas que encontramos a lo largo del país.  

Una interesante evidencia al respecto es la que entrega el Laboratorio Vegetal que se desarrolla en Viña del Mar y del cual incluimos en este boletín algunos antecedentes, aportados por uno de los científicos a cargo, el biólogo Salvador Donghi. Este experimento, iniciado hace cuatro años para comprobar asociaciones óptimas de especies y obtener algunas métricas, ha demostrado que un área cultivada con vegetación nativa propia de esa zona costera consume el 5% de la cantidad de agua que consume un área igual sembrada con pasto. 

En otro contexto, un estudio difundido recientemente por el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 evidencia que recuperar zonas con vegetación nativa genera un aumento en los caudales de ríos y arroyos de manera inmediata y también su mantención a lo largo del tiempo. La investigación se está realizando en la Reserva Costera Valdiviana y los resultados obtenidos luego de 14 años (2006-2019) indican que en la mayoría de los años posteriores al 2011 -cuando se inició la restauración- el caudal anual de los arroyos aumentó entre 40 y 130% en las tres cuencas restauradas, principalmente en invierno, seguido del otoño, primavera y verano (Lara, et al., 2021)  

Además del aporte concreto de agua, los bosques nativos son los que en gran parte sostienen el ciclo hídrico, por lo que su conservación es indispensable para mantener la provisión de agua en los territorios en el futuro. 

Todos estos análisis nos dan luces del camino que debemos seguir para avanzar hacia la seguridad hídrica. El aporte de las especies nativas es invaluable en esta tarea, tanto a nivel urbano como en las zonas rurales. 

Pero en EH2030 venimos constatando desde hace años que no basta con una solución, sino que debe implementarse una combinación óptima de medidas que, en conjunto, van a ayudarnos a superar la crisis hídrica. 

Así, mientras en algunas zonas es necesario conservar las especies nativas que aportan agua y mantienen el ciclo hídrico, en otras se debe restaurar o reemplazar la vegetación con especies nativas para recuperar agua y generar resiliencia, en otras zonas se deberá seguir realizando riego, pero debe hacerse de la forma más eficiente posible. En este punto la gran agricultura tiene una oportunidad de contribuir con soluciones, considerando que actualmente su eficiencia en riego en el país alcanza tan solo el 50%, frente al estándar mundial que indica que se puede llegar al 90%.  

En este ámbito también es posible mirar hacia nuevas experiencias que alcancen el desafío de aumentar la producción con menos agua y menos suelo, como es el caso de AgroUrbana, que incluimos en este boletín para dar a conocer un sistema de cultivo que utiliza solo el 5% de agua de lo que se usa en la agricultura tradicional y solo el 10% del suelo, llevando una parte de la producción de alimento a las ciudades a través de la agricultura vertical. 

Estamos en un punto de inflexión que requiere un cambio cultural y nuevos paradigmas, dejando de lado conceptos que ya no aplican para nuestra nueva realidad en contexto de sequía. Por ejemplo, debemos entender que un parque puede ser bello sin tener pasto, sino que suculentas y especies xerófitas, o comprender que las actividades económicas solo se pueden sostener en el tiempo si los procesos incluyen el agua y el medio ambiente como un activo para ellos, así como las comunidades donde se insertan   

En Santiago, en algunas comunas del sector oriente el consumo de agua potable llega a 600 litros diarios por persona -relacionado con el riego de áreas verdes-, cuando la media mundial es menos de 200. Esta situación es insostenible para nuestra nueva realidad. 

En los diálogos multisectoriales y territoriales que realizamos en el marco del proceso de Escenarios Hídricos 2030 hemos visto a muchos municipios interesados en ser un aporte para enfrentar el problema de la sequía y la escasez hídrica. En sus manos está la administración de los bienes nacionales de uso público como el agua y el uso del suelo, pudiendo realizar acciones, así como crear conciencia y fiscalizar el uso consciente del agua. 

Hace unos meses vimos cómo la municipalidad de Providencia empezó a avanzar en esta senda, con el reemplazo de 36 mil metros cuadrados de césped por especies sustentables, lo que permitirá ahorrar ocho millones de litros de agua mensuales. 

Las métricas son elocuentes y, sin embargo, de forma paradójica, un reciente registro realizado en Santiago por un equipo de investigadores de CAPES UC y de las universidades de Santiago y Central (Arcos-LeBert,G. et al., 2021) mostró que el 85% de los árboles de la cuidad corresponden a especies exóticas, y solo 15% son nativas.   

Todo indica que ya es momento de revertir esta situación. Tenemos que volver nuestros ojos a la naturaleza, restaurar el equilibrio, proteger y recuperar los ecosistemas porque de ello depende nuestra subsistencia como humanidad y nuestro desarrollo sostenible.  

Suscríbete a nuestro Newsletter