Medio: La Segunda

“Recursos hay, capacidades existen, lo que ha faltado es un liderazgo”

  • Entrevista a Ulrike Broschek, líder de Escenarios Hídricos 2030, publicada en el diario La Segunda el 9 de septiembre, en relación a la crisis hídrica.

La subgerenta de Sustentabilidad de Fundación Chile advierte que los escenarios que se proyectaron para 2030 se adelantaron y están pasando ahora.

El desierto se está trasladando desde el norte hacia la zona central. Con esa imagen, Ulrike Broschek describe el avance de la sequía que afecta a la zona central y que amenaza con seguir bajando al sur. ‘Se ve en cómo todo está cada vez más árido’, advierte la subgerenta de Sustentabilidad y especialista en temas hídricos de Fundación Chile. Y el escenario no es alentador.

Broschek dice que ni los últimos cinco gobiernos, ni los políticos, ni los empresarios han entendiendo la gravedad del problema. Advierte que ya se están usando las reservas de agua y que pronto ‘va a colapsar’ todo el sistema productivo. Dice que todavía la situación es reversible, pero que se requiere un liderazgo fuerte, multidimensional, como el vivido en la crisis de energía.

En los 26 años que lleva en Chile, Broschek ha visto el avance de la crisis hídrica. Ha visto cómo en la zona central las laderas de los cerros son cada vez más secas. Cómo hacia el norte, en poco tiempo, todo se vuelve árido. Ha visto cómo los ríos están menos caudalosos. ‘El Mapocho, que antes tenía un caudal importante, ahora es un hilo de agua’, dice.

La situación que fue invisible por años, desde el 2000 ha tenido una evolución acelerada. ‘Ahora el tema del agua aparece y se va expandiendo. En la zona sur conversas con las personas y te dicen que está más seco, que cae menos lluvia’, dice. ‘Se ve que esto es algo generalizado y que preocupa’.

Sentada frente a la cámara del Zoom, más tarde recordará cómo, hace cinco años, cuando armaron los escenarios hídricos para el futuro, fueron criticados por ser muy alarmistas. ‘Pero lo que planteamos se adelantó’, dice.

Llegar a Chile

Ulrike Broschek nació en Estocolmo, Suecia. Creció en un país desarrollado y recién a los 15 años llegó a Chile. El contraste fue claro. Su llegada fue en 1995, cuando el país todavía estaba en transición, y el choque llegó en varios aspectos. Le llamó la atención las condiciones de vida de gran parte de los chilenos, pero también lo solidaria que es la gente y sobre todo, la humildad. ‘Cómo comparten y son acogedores’. También le llamó la atención que, todavía, hubiera diferentes visiones sobre Pinochet. ‘En Europa y a nivel internacional hay un consenso de lo negativa que es una dictadura y de lo negativo que fue Pinochet’, cuenta. ‘Encontrarme con que había una división fue fuerte’.

Estos contrastes de un país en vías de desarrollo, más que desanimarla, la motivaron. ‘Siempre tuve una vocación fuerte a contribuir, pero en un lugar donde existiera espacio para trabajar y apoyar. Dada la situación en Chile, vi un espacio’, asegura.

Al principio no tenía claro cómo encaminar esa vocación. Pensó en estudiar medicina, quería entrar a la Cruz Roja y trabajar en África. Pero cuando vio que mucha gente quería estudiar lo mismo, surgió como alternativa una carrera dirigida hacia la protección del medio ambiente. ‘Me pareció que había mucha menos gente interesada, entonces elegí ese camino pensando en que ahí podía hacer una mayor contribución’, explica. Así, en 1999 entró a estudiar Química Ambiental en la Universidad de Chile. ‘Vi que en el tema ambiental podía haber mucha más necesidad. Y bueno, el tiempo me ha ido dando la razón’.

Por 17 años, Broschek ha estado en Fundación Chile y en ese tiempo no solo ha visto el efecto del cambio climático en las laderas y en el agua del Mapocho. También han analizado la trayectoria del uso del agua y han planteado dos escenarios. Uno ‘tendencial’, que es la proyección siguiendo la trayectoria actual de gestión hídrica y para la cual la interpretación es clara: ‘Tiene un desenlace negativo’, dice. Y uno que además se ha acelerado. ‘Si leemos lo que escribimos para el año 2030, eso es exactamente lo que hoy está pasando. Se nos adelantó’.

El otro es un escenario ‘sustentable’, del que estamos cada vez más lejos. ‘Vamos en la dirección contraria’, dice, y para lograro se necesita generar un punto de inflexión: una cartera de proyectos que permita un cambio en la trayectoria y que entregue seguridad hídrica para todos los usos.

No solo algunos son vulnerables, todos lo somos

‘La situación actual es muy, muy grave’, dice Broschek. Pero, por ahora, solo estaríamos viendo los síntomas: ‘Llueve menos, todo está más seco, los ríos traen menos agua. Pero el efecto en nuestra actividad y en el desarrollo del país todavía no lo vemos’, advierte.

—¿Por qué?

— Porque estamos sosteniendo una actividad y desarrollo usando las reservas de agua… aguas subterráneas que no vemos. Y con las sequías que hemos tenido aumenta significativamente la presión sobre estas reservas.

Y, explica Broschek, las reservas se están agotando. Según estudios que han realizado, el 80% de las cuencas hidrográficas en la zona norte y centro hoy superaron el umbral de consumo máximo sustentable. ‘Esto quiere decir que se está sosteniendo la actividad con las reservas’, dice. La evidencia también se ve en los niveles de los pozos en las estaciones de monitoreo de la Dirección General de Aguas, en las cuales analizaron la tendencia de los niveles desde 1960 hasta 2016. ‘Se constató que el 72% de los pozos están con una disminución estadísticamente significativa’, advierte. ‘Y hoy hemos hecho nuevas modelaciones hidrológicas en las que se evidencia que las aguas superficiales, en ciertos meses del año y en diferentes cuencas, se están agotando. Eso hace que la actividad productiva se base en extracción de agua subterránea’.

El problema de lo anterior es que el desarrollo productivo chileno es muy intenso en uso de agua. ‘Hablo de la minería, la agricultura, la actividad forestal, requieren mucha agua. Se desarrollaron explosivamente con el desarrollo económico, pero no se metió dentro de la ecuación un insumo básico que es el agua’, dice. ‘Y ahora el agua está escaseando y estas actividades se están sosteniendo en base a las reservas, pero en algún minuto se van a acabar. Y cuando empiece a ocurrir, va a empezar a colapsar el sistema’.

El colapso comienza –o comenzó– con los pequeños agricultores y los sectores más vulnerables, que no tienen herramientas o recursos para encontrar fuentes alternativas de agua o por ejemplo, la capacidad de hacer un pozo más profundo. También golpea a la agricultura mediana y grande, donde ya se ha visto una migración al sur, como en la minería, donde están comenzando a buscar agua desalada; y en proyectos hidroeléctricos, donde hay dudas de que puedan generar energía.

En la medida que la sequía avanza, esta va repercutiendo en el consumo humano de las ciudades, con posibles cortes de agua y racionamientos. Para Santiago, por ejemplo, el agua está asegurada para este verano, pero Broschek duda que lo esté para el próximo: cree que en 2023 podría haber racionamientos. Además, se afectan las formas de vida de la gente: con la muerte de la pequeña agricultura se genera una migración del campo a la ciudad, con todos los problemas que eso conlleva.

‘Después vamos a ver hacia la zona sur qué pasa con la actividad forestal. En la medida que hay menos lluvia, también va a tender a desaparecer’, dice y enfatiza: ‘Se produce un colapso general, no es que solo algunos sean vulnerables, somos todos vulnerables’.

-«El problema del agua se resuelve en cada territorio, esa es la forma más efectiva y legítima, porque la gente los conoce y sabe muy bien qué tipo de soluciones son las mejores’.

‘Se requieren modificaciones multidimensionales’

Además de alertar respecto al impacto de la escasez hídrica en la sociedad, Broschek advierte que las autoridades no han entendido la gravedad de la situación. ‘No han tomado la decisión para hacer cambios. Han pasado cinco administraciones gubernamentales con solo diagnósticos y mesas de agua, pero no se avanza en las acciones’, afirma.

—¿Qué tipo de acciones deberían tomarse?

—Se requieren modificaciones estructurales y multidimensionales. Aquí hay temas regulatorios que mejorar, aspectos de distribución y usos de agua, hay que gestionar la demanda para que optimicemos el uso en las actividades productivas y en las ciudades, y se debe pensar cómo recuperar los ecosistemas que forman parte del ciclo hidrológico en el largo plazo, y tratar de retroceder el proceso de desertificación. Es multidimensional y tiene que ver con trabajos locales.

Y agrega:

—Se tiene que desarrollar una institucionalidad del agua. Las autoridades no han tomado la decisión de hacer estos cambios.

Hablas de las autoridades, pero el sistema productivo es intensivo y poco eficiente en el uso del agua. ¿Qué responsabilidad tienen los empresarios?

— Los sectores productivos tienen la responsabilidad del 98% del consumo de agua en Chile. Solo el 2% es para consumo humano. Ellos tienen la responsabilidad de optimizar ese uso, de transformar sus procesos para que requieran menos agua y menos suelo. Ese es el compromiso que tienen que tomar. Y también fomentar la devolución de agua. A nivel mundial la responsabilidad no es solamente ser más eficientes, también deben devolver agua para restaurar lo que se ha degradado. Los sectores productivos tienen que participar, pero tiene que haber una mirada sistémica. No pueden actuar sectorialmente.

El problema, continúa Broschek, es que la mirada sectorial empeora la crisis. Cada sector busca sus propias soluciones y eso lleva a competencia y empeora el conflicto por el agua. ‘Se siguen sobre explotando los acuíferos y se empiezan a agotar’.

«La minería, agricultura, la actividad forestal, requieren mucha agua (…) Y ahora que está escaseando, estas actividades se están sosteniendo en base a las reservas, pero en algún minuto se van a acabar. Y entonces va a empezar a colapsar el sistema’.

—¿Qué se necesita para que haya un punto de inflexión?

—Un liderazgo claro, descentralizado, con una institucionalidad hídrica que pueda con una mirada transversal. El problema del agua se resuelve en cada territorio, esa es la forma más efectiva y legítima, porque la gente los conoce y sabe muy bien qué tipo de soluciones son las mejores. Ahí hay recursos humanos, capital social y conocimiento que se tiene que aprovechar. Se tiene que avanzar considerando a todos los sectores, integrando la mirada de conservación y protección de ecosistemas. Hay soluciones, no es falta de recursos ni competencias. Solamente hay que tomar la decisión.

Broschek cree que todavía se puede ser optimista. Dice que otros países con crisis hídrica (como Australia, Singapur e Israel) lograron superarla, pero advierte que se requiere una acción rápida. Y da un ejemplo de una crisis similar donde sí hubo liderazgo. ‘Cuando tuvimos la crisis energética, el ministro de Energía en ese entonces, Máximo Pacheco, tomó el liderazgo. Se ordenaron las cosas, se desarrolló una matriz energética en cada región y se generó una transformación de la crisis a un escenario completamente nuevo, con una matriz modernizada y energías renovables no convencionales. Se salió de la crisis y hoy estamos hablando de exportar energía’, explica.

Pero, advierte, hay dos diferencias: la primera es que el nivel de crisis es mucho mayor en el agua y, la segunda, no hay una institucionalidad liderando.

Los próximos cuatro años

Los cambios que se requieren, dice Broschek, no parecen ser tan extremos. Asegura que no se trata de sustituir sectores productivos o detenerlos, sino más bien se centra en elementos como la gestión de la demanda.

La eficiencia del uso del agua en agricultura, por ejemplo, en Chile es del 50%. A nivel mundial los estándares alcanzan un 90% en los mejores casos. ‘Quiere decir que estamos usando el doble del agua que se requiere’, critica. También se pierde entre un 30 y 50% en conducción de agua potable. ‘Si optimizáramos el uso podríamos abordar gran parte de la falta de agua. Y si fomentáramos la preparación de suelos, de manera de captar aguas lluvia y aprovecharlas, podríamos recuperar las napas y mantener las reservas’, explica. Y agrega que actualmente esto no se está realizando, por el contrario, se ha buscando expandir la oferta, como desaladoras, por ejemplo, que tienen externalidades negativas.

Respecto a los escenarios hídricos que maneja, la ejecutiva asegura que los próximos cuatro años y ‘lo que haga el próximo gobierno‘, serán clave. ‘Tendrán un desafío enorme para lograr revertir esta situación y con sentido de urgencia’, dice. ‘En la medida en que no reaccionemos, ponemos en juego el desarrollo futuro’.

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