Medio: Diario Financiero

LÍDER ESCENARIOS HÍDRICOS 2030 ULRIKE BROSCHEK “Estamos sosteniendo una actividad y un desarrollo en base al uso de las reservas de agua”

Afirma que si el país continúa en la ‘inacción’ y no avanza en una nueva institucionalidad del agua y en regenerar los ecosistemas, ‘podría haber racionamiento en ciudades el próximo año’.

Advierte que el proyecto de ley que crea una Subsecretaría del Agua en el MOP ‘carece’ de una mirada sistémica y territorial local.

La sequía no da tregua a Chile. Para abordar el problema, Escenarios Hídricos 2030 (EH2030), iniciativa que integran más de 370 organizaciones y empresas, presentó su propuesta de institucionalidad y gestión del agua, que como novedad plantea un trabajo desde las bases, las cuencas hidrográficas. En este contexto, la Líder de EH2030, Ulrike Broschek, afirma que Chile está en una ‘inacción’ frente a la crisis y que en las últimas administraciones no se ha avanzado en seguridad hídrica, lo que tiene al país inmerso en una crisis -cuyo impacto no se ha medido-, pero que afecta la productividad: ‘Hemos estado usando nuestras reservas de agua para sostener la actividad’, dice.

Advierte que de no avanzar en forma prioritaria en la nueva institucionalidad del agua y en la implementación de soluciones basadas en la naturaleza para reestablecer el funcionamiento hidrológico, ‘podría haber racionamiento en las grandes ciudades el próximo año’.

– ¿Qué tan aguda es la crisis del agua en Chile?

– Estamos en una crisis realmente importante, con un déficit promedio a nivel nacional de 50% de precipitaciones y de nieve este año. Desde hace 15 años estamos con baja precipitación en casi todo el país y un aumento de temperatura como efecto del cambio climático, lo que nos lleva a una sequía metereológica. Y por otro lado, hay un retroceso de glaciares desde 2003 en adelante. Como consecuencia, llevamos varios años aumentando la extracción de las reservas de agua subterráneas, cuyos niveles están bajando sistemáticamente. Hay un problema de baja disponibilidad, están disminuyendo las reservas de agua, combinado con un alza de demanda en los últimos 20 a 25 años por el crecimiento económico y productivo. Todo eso suma negativo.

– ¿Y cómo se ve la situación a nivel de cuencas?

– Un 80 % de las cuencas hidrográficas del país -todas las de la zona centro norte- ya superaron el umbral de consumo máximo para la disponibilidad natural de agua, están sobreexplotadas y hay un riesgo para sostener los ecosistemas, el consumo humano y el desarrollo productivo. Esto es muy grave, todavía no se ve la parte más crítica porque estamos sosteniendo una actividad y un desarrollo en base al uso de reservas de agua, donde las principales son los glaciares, la nieve, las aguas subterráneas y los humedales, y todas están en retroceso.

En el momento en que se empiecen a agotar vamos a ver el real impacto de la crisis. Estamos en una situación altamente riesgosa porque deberíamos estar sosteniendo nuestra actividad según la disponibilidad, pero manteniendo las reservas de agua para momentos de aguda sequía. La demanda de agua no se ha adaptado a esta situación.

Usted ha señalado que la gestión y la institucionalidad también impactan en la crisis hídrica.

– Uno de los mayores problemas, independiente de la sequía y del cambio climático, tiene que ver con la forma en que manejamos y gestionamos las intervenciones de los recursos hídricos y el agua. En los territorios la mayor parte de las causas de los problemas tiene que ver con la deficiente gestión e institucionalidad, por la falta de coordinación interinstitucional y la desconexión completa entre el nivel local y nacional. Esto se debe principalmente a la gran dispersión de instituciones públicas relacionadas con el agua.

En 2013, el Banco Mundial concluyó que 43 organismos públicos tenían atribuciones por ley para gestionar e intervenir los recursos hídricos en Chile; actualizamos ese estudio y hoy son 56. Entonces, esa descoordinación y dispersión institucional hace que sea mucho más difícil contar con un liderazgo, con una mirada transversal y común para gestionar la crisis hídrica. Y se suma la deficiente capacidad de fiscalización y la falta de información para una mejor toma de decisiones.

¿Qué opina del proyecto de ley que crea una Subsecretaría de Recursos Hídricos en el MOP?

– Creemos que esta propuesta carece de una mirada integral del problema, le falta el contexto actual y de futuro, que tiene que ver con la crisis climática, social y económica. Se requiere una mirada mucho más sistémica, más allá del Ministerio de Obras Públicas, que incluya la mirada ambiental y social, y a todos los sectores usuarios que dependen del agua, incluido los productivos y el consumo humano. Y lo más importante, carece de una mirada territorial local, de una descentralización de la gestión del recurso hídrico, donde el nivel base es la cuenca hidrográfica, donde conviven los diferentes sectores y donde se requiere un espacio de coordinación y de planificación de las intervenciones. En Chile tenemos 101 cuencas hidrográficas; eso es muy ineficiente para la crisis que estamos enfrentando.

Gestión e institucionalidad

El miércoles pasado EH2030, iniciativa multisectorial coordinada por Fundación Chile, Fundación Futuro Latinoamericano y Fundación Avina, presentó su propuesta de institucionalidad del agua y gestión del recurso hídrico. En lo medular, propone un esquema con cuatro organismos para la gestión del recurso hídrico, dos a nivel nacional y dos territoriales, en las cuencas hidrográficas.

¿Cuál es la propuesta de institucionalidad y gestión del agua de EH2030?

– A nivel territorial, de cuencas hidrográficas, se propone la creación de una Autoridad de Cuenca, la instancia pública, técnica y de coordinación que desarrolla e implementa los planes de gestión y el Comité de Cuenca, el espacio de participación multisectorial y de deliberación, de comunidades, organizaciones de usuarios, servicios sanitarios rurales, municipios, las ONG locales, sectores productivos y la academia. Aquí se generan las directrices y el trabajo para la definición de los planes de las cuencas y se vela por su implementación.

A nivel país, crea una Autoridad Nacional de Recursos Hídricos, una entidad pública supra ministerial que depende del Presidente, que lidera y coordina a todas las instituciones relacionadas con la gestión y las intervenciones sobre los recursos hídricos y propone e implementa una política nacional. El esquema también cuenta con un Comité Nacional de Recursos Hídricos, que integran todos los ministerios relacionados con el agua y representantes de los Comités de Cuenca. Esta instancia valida la política nacional de recursos hídricos y vela por su cumplimiento.

¿En qué modelos se basaron?

– El esquema tiene ciertos fundamentos como la transversalidad; la mirada sistémica, para velar por todos los usos del recurso hídrico y evitar la captura del agua desde intereses particulares; la autonomía, para evitar que dependa de los ciclos políticos y se elabore una política de largo plazo con criterios técnicos, y la participación multisectorial.

Miramos a todos los países que tienen modelos de cuenca y autoridades nacionales, y en detalle, a Italia, España, Francia, Israel, Australia, Brasil, México y Perú. Para abordar la crisis, muchos países partieron por los organismos de cuenca y luego han ido llegando a la Autoridad Nacional del Agua. Perú empezó hace 10 años y Brasil hace 20, entonces podríamos decir que estamos 15 o 20 años atrasados, lo que ha generado un retroceso económico que no se ha cuantificado por la falta de institucionalidad que lo mida.

‘Hay 56 organismos públicos que tienen atribuciones sobre el agua, esta dispersión institucional hace que sea mucho más difícil gestionar la crisis hídrica’.

Reparar los ecosistemas

¿Qué debe hacer el sector privado para abordar la escasez hídrica?

– Cada sector tiene hoy una deuda y un rol en cambiar la forma en que gestiona el recurso, primero para sostener su proceso y la seguridad hídrica, pero también para tener la licencia social para seguir operando. Las empresas tienen que salirse de su proceso productivo y mirar el territorio, porque dependen fuertemente de lo que allí ocurre, porque pueden ser muy buenas gestoras del recurso, pero si el entorno no lo es, igual se pueden quedar sin agua, o al revés.

Hay una oportunidad de generar eficiencia en el uso de agua, de disminuir las extracciones y de reparar ecosistemas hídricos degradados y sobreexplotados para volver a contar con esa infraestructura natural y conservar la que nos queda.

La minería está con proyectos de desalación de agua de mar, ¿ese es el camino?

– La minería tiene que ver cómo genera un desarrollo con otros sectores en las zonas donde está, porque hoy está con desalación, pero desapareció la agricultura. No podemos sacrificar la zona norte de Chile después de que se haya convertido en un desierto y que solo esté presente la minería. Las nuevas fuentes de agua también debiesen ser para un desarrollo territorial diversificado y no solo pensadas para sostener el proceso productivo minero.

¿Qué pueden hacer otros sectores intensivos en uso de agua como la agricultura?

– En el sector agrícola hay distintas realidades. En 2015, el 7% de lo agricultores concentraba el 94% de la superficie de riego, por lo tanto, hay que hacer proyectos de eficiencia hídrica para generar devolución o menores extracciones, pero también pensar en nuevas fuentes de agua. Si llevamos la eficiencia de agua en la agricultura del actual 50% al 70%, se podría cubrir el consumo humano, los caudales ecológicos, sostener la actividad agrícola que existe hoy y generar 162 m3/segundo de agua para recuperar reservas en los acuíferos, para almacenar. Esto implica una transformación para producir más con menos agua y menos suelo, tiene que ver con tecnificación y automatización de riego, recambio de cultivos con menor requerimiento de agua y avanzar en tecnologías emergentes como los cultivos verticales en sistemas cerrados, con menos uso de superficie y ahorro de agua de 90%.

El sector forestal debe ver cómo promover la infiltración de agua lluvia en los acuíferos, porque las plantaciones de pinos y eucaliptos consumen el agua lluvia, y esta no llega al río o a la napa subterránea, entonces, tienen que preguntarse cómo compensar ese consumo.

Las sanitarias tienen que identificar las zonas con mayor consumo per cápita y realizar campañas de uso eficiente, y también disminuir las pérdidas en los sistemas de conducción y distribución, donde más de un tercio del agua potable se pierde.

‘Si llevamos la eficiencia de agua en la agricultura del actual 50% al 70%, se podría cubrir el consumo humano, los caudales ecológicos, sostener la actividad agrícola’.

¿Qué rol debe tener el Estado para impulsar la seguridad hídrica?

– Tiene que generar programas de reparación y conservación de ecosistemas críticos para el ciclo hidrológico y colocar incentivos. Y tiene que regular y velar por las prioridades de uso, tiene que garantizar el agua para uso humano y para sostener los ecosistemas. Si no sostenemos las fuentes naturales de agua, no vamos a poder garantizar el consumo humano.

¿Hay riesgo de racionamiento de agua en ciudades?

– Si seguimos en la inacción, el próximo año podría haber racionamiento en las grandes ciudades. Esto ya ocurre, no lo vemos porque nadie lo está midiendo y los sectores que han sido afectados -rurales y los ecosistemas- no han sido lo suficientemente visibles. La pérdida de diversificación productiva ya existe y en la medida que no seamos capaces de iniciar una transición hídrica estamos poniendo en riesgo el desarrollo del país.
‘El 80 % de las cuencas hidrográficas del país ya superaron el umbral de consumo máximo para la disponibilidad natural de agua’.

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