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Consejos Hídricos – Ulrike Broschek en Induambiente

noticia: gestión hídrica

Este artículo fue publicado en Induambiente.

Según los últimos datos oficializados por la Dirección General de Aguas (DGA), correspondientes al año 2015, el uso consuntivo (sin devolución al cauce) de este recurso en Chile es liderado por la agricultura (72,3%), seguido de lejos por la producción de agua potable (11,8%), el consumo industrial (6,7%), eléctrico (4,5%) y minero (3,9%).

Publicaciones más actuales, como la «Radiografía del Agua» (2018) de la iniciativa público-privada Escenarios Hídricos 2030, muestran una distribución similar en el consumo de agua superficial y subterránea, atribuyendo a la actividad agrícola un 88% del total, un 6.3% al agua potable y saneamiento, un 3.8% a la minería, un 0.6% a la industria, el mismo porcentaje para generación eléctrica y un 0.4% al sector pecuario. Si a dichos recursos hídricos se suma el consumo de aguas lluvias, las plantaciones forestales aparecen en primer lugar con un 59% del total, mientras que el sector agrícola llega a un 37%, el agua destinada a abastecer a la población sólo a un 2%, la minería a un 1.3% y el resto completa apenas un 0.5%.

Más allá de las diferencias en las cifras, lo que se explica por las distintas metodologías e información empleadas en cada caso, está claro que son las actividades productivas –y en particular aquellas ligadas a los cultivos– las que concentran el uso de agua. Frente a esta realidad, consultamos a algunos especialistas sobre las falencias que aprecian en la gestión hídrica de estos rubros y algunas medidas que podrían aplicar para mejorarlas. A continuación, presentamos sus respuestas.

PREGUNTAS:

1.- ¿A su juicio, existen deficiencias en el uso del agua por parte de las actividades productivas e industriales en Chile?

2.- Describa brevemente dos medidas que dichos sectores podrían priorizar para mejorar su gestión hídrica.

3.- ¿Existen barreras para implementar esas acciones? Si es así, señale las principales.

RESPUESTAS:

Ulrike Broschek

ULRIKE BROSCHEK
Subgerente de Sustentabilidad de Fundación Chile.
Líder de Escenarios Hídricos 2030.

1.- Sí, en todos los sectores productivos, en general, hay brechas que cubrir en cuanto al uso del recurso. Si tomamos como ejemplo la eficiencia en el uso del agua nos encontramos con ineficiencias relevantes necesarias de abordar. Esto tiene que ver, en gran parte, con que a la fecha han faltado incentivos y regulaciones para que los sectores productivos puedan adoptar medidas de eficiencia en el uso del recurso hídrico. Hasta ahora los avances en esta materia han respondido más bien a una reacción ante la falta de agua; ese ha sido el incentivo para que algunas empresas tomen medidas, en especial las que están en zonas de escasez. Sin embargo, eso es más puntual, no es algo extendido ni transversal porque no está regulado por ley.

Por ejemplo, un sector relevante es la agricultura, que consume un 88% de las aguas superficiales y subterráneas del país, con un 45% de eficiencia en promedio a nivel nacional, cifra muy baja frente al estándar mundial que indica que se puede llegar al 90%. Es decir, acá se está usando el doble del agua que se necesita para riego. Otro ejemplo es el sector de agua potable y saneamiento, que informa pérdidas de 30% de agua en sus sistemas de distribución, y hay empresas sanitarias que reconocen que podrían perder más de un tercio incluso. En el sector sanitario una pérdida razonable sería en torno al 15%.

2.- Tanto para el agro como para el sector sanitario, lo primero que se debe hacer es empezar a medir la cantidad de agua que usan y la que pierden o malgastan, e identificar en qué partes de sus procesos están estas ineficiencias. Teniendo esa información es posible identificar las soluciones. También es relevante analizar cómo el uso del agua por parte de estos sectores afecta al entorno como por ejemplo el consumo humano, el medio ambiente y otros usuarios de agua. Es decir, se debe mirar hacia adentro de los procesos productivos para optimizar los consumos y también se debe mirar las áreas de influencia del proceso para evaluar cómo se pueden minimizar los impactos negativos en el entorno. Frente a la importante escasez hídrica y el nuevo escenario de sequía por el cambio climático, no solamente se debe optimizar el uso del agua, sino que además se debe pensar en reducir el requerimiento de agua, es decir, modificar los procesos para que consuman menos. Todo esto implica un cambio de paradigma en cómo utilizamos el agua; se requieren cambios profundos y mucha innovación. Hasta ahora hemos usado el agua como si fuera un recurso infinito, pero no lo es.

En el caso de la agricultura, por mencionar solo algunas acciones en relación al riego, están la automatización, el recambio de cultivos, la adopción de agricultura de precisión con técnicas de riego deficitario controlado y el riego subterráneo, que es una evolución del riego tecnificado y permite mayores eficiencias dado que evita la evaporación del agua utilizada en los cultivos. Este último consiste en la aplicación de agua mediante mangueras enterradas, que cada 50 centímetros tienen un gotero, que permite además suministrar nutrientes y fertilizantes.

Con los análisis que hemos realizado en Fundación Chile estimamos que si en el sector agrícola alcanzáramos un 70% de eficiencia en el riego podríamos sostener la actividad agrícola a nivel país y cubrir los caudales ecológicos, que corresponde al volumen de agua necesaria para preservar los ecosistemas hídricos que son críticos para sostener el ciclo natural del agua. Además, se podría poner a disposición 162 m3/s de agua a nivel nacional para, por ejemplo, recuperar reservas naturales de agua que se han perdido por la escasez hídrica. Todo eso demuestra el enorme impacto que podría tener la eficiencia y el camino que tenemos por delante para lograr un desarrollo sustentable.

En cuanto al sector sanitario, si se sabe dónde está la rotura se puede reparar o reemplazar. Existe, por ejemplo, para la detección de fugas de aguas un sistema electroacústico (Geófono), también se pueden usar imágenes satelitales, cámaras termográficas o un gas trazador. Y para la reparación, entre otras técnicas, está el uso de elastómeros, con un sistema de sellado interno de tuberías que se puede usar en los puntos de unión o a lo largo del conducto, sin necesidad de excavaciones ni movimientos de tierra.

3.- Las medidas de eficiencia hídrica son positivas en todo sentido. En Escenarios Hídricos 2030 desarrollamos un portafolio con 212 medidas, acciones y soluciones para cerrar las brechas de agua y alcanzar la seguridad hídrica. Ahí llegamos a la conclusión de que las medidas relacionadas con eficiencia aportan socialmente y al medio ambiente porque permiten poner a disposición agua para cubrir otras demandas en los territorios, como por ejemplo la necesidad de agua para consumo humano y medio ambiente. Barreras legales no existen. Hicimos el análisis legal regulatorio vigente y concluimos que todas las medidas relacionadas con eficiencia, todas las soluciones tecnológicas, son aplicables y su implementación depende solo del particular o de la empresa.

Puede haber una barrera en el costo de entrada, pero estas medidas son mucho más baratas que el desarrollo de grandes obras para generar nuevas fuentes de agua. Y, en general, cuando se realiza la inversión se paga por sí sola en un corto plazo, porque suele aumentar la producción; por ejemplo, con riego eficiente muchas veces aumenta la productividad de los cultivos.

También hay barreras culturales. Los sectores productivos en Chile tienen tradiciones del uso del agua que vienen desde hace mucho tiempo y se debe hacer un cambio de switch, un cambio de paradigma. Eso se puede abordar -como lo hemos visto en varios países-, solo que faltan los incentivos adecuados.

Ivo Radic

IVO RADIC
Representante de la Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso del Agua.
Gerente General de Vigaflow.

1.- Absolutamente. En la práctica, todas las industrias y procesos productivos son factibles de ser mejorados en eficiencia. Existen algunas excepciones, como el sector minero que actualmente reúsa alrededor de 75% del agua que requiere (gran minería), además de algunas multinacionales que tienen como KPI crítico el factor de uso de agua.

El resto del mundo productivo e industrial en Chile debe dar pasos firmes hacia la optimización del recurso. En muchas ocasiones no tienen una estrategia de uso sustentable del agua, tampoco objetivos de consumo ni planes de abastecimiento alternativo de agua en caso de agotamiento de la fuente actual. Las empresas deben ser flexibles e innovadoras, capaces de buscar e implementar las tecnologías que les permitan cuidar el escaso recurso, sobre todo en la crítica situación en la que estamos.

Para empezar, deben realizar balances de agua para ver qué cantidad consume cada proceso unitario: producción, enfriamiento, vapor, riego, servicios, etc. Luego, deben identificar la calidad de agua que se requiere a la entrada de cada proceso (cruda, filtrada, sin dureza, pura, entre otras opciones) y evaluar, por ejemplo, si la descarga de un proceso puede alimentar la entrada a otro proceso. Luego, hacer los tratamientos más eficientes posibles, de manera de no acondicionar más agua de la necesaria con una calidad puntual, sino que alimentar cada proceso con la calidad ideal, sin generar pérdidas en lo posible. Una vez hecha esta re-ingeniería, se obtiene el agua de desecho en la planta de efluentes, la cual, al ser tratada con diferentes tecnologías, puede ser nuevamente reinyectada a los procesos en que sea posible.
El objetivo al reducir la cantidad de efluentes es disminuir el uso de agua limpia, ya sea desde pozos, desde las sanitarias o de otra fuente.

2.- Primero, definir un objetivo de consumo de agua, motivando a la organización, mediante indicadores de gestión o KPI a tomar decisiones dirigidas a ser eficientes en el uso de agua, estableciendo metas de corto, mediano y largo plazo, que sean muy incidentes en la evaluación de desempeño de la alta gerencia.

Segundo, asignar un valor al agua, mayor que el «costo» que tiene para la industria, ya sea considerando el precio que tendrían que pagar si se agotara la fuente que se tiene hasta ahora (costo futuro), o bien simplemente asignando un costo que represente el promedio que paga su misma industria por el agua en países desarrollados. Esta política, además de empujar hacia el cuidado del recurso, permitiría financiar presupuestos de reúso o de mejora de eficiencia. El problema es que el bajo costo del agua -aunque algunos lo consideren alto, incluso si sólo se debe al valor de «bombearla» desde pozos- no justifica inversiones dado que el ahorro directo de reducir consumo de agua, no permite financiarlas. Si en un proyecto de reúso se pueden ahorrar 1.000 m3 de agua/día a $50 el metro cúbico, estamos generando $50.000 de presupuesto diario (o $54 millones en 3 años), pero si el precio asignado al metro cúbico (ficticio o de mercado del futuro) es de $1000 por m3, estaremos generando un presupuesto para invertir en una planta de reúso de hasta $1.080 millones en 3 años, lo que seguramente permitirá justificar la inversión.

3.- La tecnología existe y está disponible en nuestro país para ser utilizada y, con ello, mejorar los niveles de eficiencia de las industrias. Las barreras probablemente están en la dificultad que a veces tienen las organizaciones para implementar cambios en forma rápida y efectiva.

A lo anterior se suma la falta de fiscalización de uso de derechos de agua, la ausencia de políticas de gobierno de fomento de reducción del consumo, falta de conciencia en la población acerca de que el riesgo de quedarse sin agua es real. En general, son barreras, regulatorias y culturales. No son tecnológicas en ningún caso y tampoco serán económicas cuando no quede más remedio que aumentar el costo del agua para regular su demanda.

Sebastián Herrera

SEBASTIÁN HERRERA
Ingeniero Químico, Doctor en Ingeniería de Procesos de Minerales.
Académico de la Universidad Católica del Norte e investigador especializado en gestión de agua en regiones mineras.

1.- El agua es un recurso esencial para las industrias en Chile. De los principales sectores productivos, el forestal consume la mayor cantidad de agua total a nivel nacional representando un 59%, seguido del agrícola con 37%, el sanitario con 2% y el minero con 1,3%. Todos estos sectores enfrentan diferentes deficiencias en el uso de agua. El sector forestal y agrícola tiene baja eficiencia en el sistema de riego, conducción y almacenamiento. El sector sanitario tiene altas pérdidas de agua potable debido principalmente a filtración y roturas de las redes de agua, y tiene una baja eficiencia en el aprovechamiento de las aguas residuales. El sector minero no es eficiente en el diseño y construcción de sistemas de abastecimiento de agua desalinizada para sus operaciones debido a que se enfoca en el desarrollo de proyectos individuales. Esta situación ha llevado a implementar varias plantas desaladoras a lo largo de la costa del norte del país. Actualmente existen más de diez plantas desaladoras a nivel industrial que satisfacen la demanda de agua del sector minero y se espera que más plantas y sistemas de transmisión de agua desalinizada se implementen debido a la expansión de las actividades mineras, lo que se traducirá en un alto consumo de energía.

2.- Cada sector productivo en Chile trabaja de manera individual, por lo cual una de las principales medidas que deben priorizar para mejorar su manejo hídrico es establecer una gestión integrada de estos recursos e implementar sistemas de abastecimiento de agua compartido entre diferentes usuarios. Ambas opciones deben enfocarse en disminuir el riesgo hídrico que actualmente enfrenta el país, generando beneficios compartidos entre los usuarios en aspectos sociales, económicos y ambientales.

3.- Una de las principales barreras para implementar las acciones antes mencionadas es la deficiente institucionalidad, gobernanza y política hídrica actual en Chile. Según el reporte «Transición Hídrica: El Futuro del Agua en Chile» es necesario establecer una política hídrica construida por los usuarios del agua que considere planes de acción con directrices, indicadores y metas claras que guíen las intervenciones en los territorios, así como instaurar una institucionalidad que lidere la implementación de los planes de acción a nivel nacional.

José Luis Campos

JOSÉ LUIS CAMPOS
Profesor de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la U. Adolfo Ibáñez.
Doctor en Ingeniería Química.

1.- La gran mayoría de los sectores productivos e industriales del país mejora constantemente la eficacia del uso del agua en sus procesos debido a que la situación de escasez hídrica -que afecta a una parte importante del país- está causando que el agua alcance un alto precio, afectando notablemente los costos de producción. Además, la cantidad disponible de agua limitará el proceso productivo, impactando asimismo los beneficios económicos. Un ejemplo claro de ello es la industria minera que se desarrolla en el norte del país. Esta industria utiliza agua procesada en plantas desaladoras que generalmente tiene que ser bombeada a grandes distancias y altas cotas, haciendo que su precio final sea elevado. Por lo tanto, en este caso, se promueve lo máximo posible el reúso del agua con el fin de disminuir los costos de producción.

Dada la situación de escasez hídrica en Chile, la gestión del recurso debería realizarse de forma integral, de manera que las decisiones tomadas a nivel estatal sean las más adecuadas desde el punto de vista social y económico, tal como ocurre en otros países con situaciones similares o, incluso, más críticas. En este aspecto se tendría que comenzar a priorizar la disponibilidad de agua para uso doméstico con el objetivo de promover el bienestar de las personas. Esto no tiene que ir reñido con su uso en actividades productivas e industriales. Para ello, se debería pensar en potenciales nuevas fuentes de recursos hídricos tales como las aguas residuales municipales que, una vez tratadas adecuadamente, pueden ser aptas para el consumo humano. Por otra parte, un tratamiento más estricto de las aguas residuales, como el que se aplica en Europa y Estados Unidos, y una fiscalización exhaustiva de vertidos incontrolados ayudarían a proteger los recursos hídricos disponibles.

2.- Dado que el mayor consumo de agua en Chile está relacionado con actividades del sector agropecuario, se deberían priorizar acciones sobre dicho rubro ya que van a tener una gran incidencia sobre la disponibilidad de recursos hídricos para otros usos consuntivos. En este sentido, es necesario que el sector agrícola esté consciente de que el cambio climático está delineando un escenario variable en cuanto a contar con agua. Sobre este escenario, tanto las especies a cultivar como el sistema de cultivo tienen que ir adaptándose para poder seguir siendo competitivos y, también, para no generar conflictos con otros usuarios de dichos recursos. No hay que inventar nada nuevo sino tomar la experiencia de otros países que están pasando por una situación similar, como España. Además, en Chile la variedad climática del país posibilita de modo especial el cultivo de nuevas especies.

Por otra parte, debiese haber un control del Estado sobre las actividades agrícolas de forma que la demanda de agua necesaria no sobrepasase la cantidad de recursos hídricos disponibles en una determinada zona. Es decir, todo proyecto de explotación agrícola debiese llevar asociada la garantía de disponer de los recursos hídricos necesarios. Con ello, se evitarían muchos de los conflictos sociales que se están dando hoy en torno al uso del agua. En este sentido, el Estado podría declarar «zonas saturadas de agricultura» cuando no haya más recursos hídricos disponibles.

En cuanto al sector ganadero, se debería mejorar la gestión y tratamiento de los residuos líquidos producidos dado que su inadecuada disposición contamina las aguas subterráneas por nitratos y, por lo tanto, limita su posible uso además de generar un impacto ambiental. Los efluentes del sector ganadero se caracterizan por tener caudales relativamente pequeños y concentraciones altas de contaminantes por lo que su tratamiento es mucho menos costoso en comparación con la eliminación del nitrato de las aguas subterráneas que vayan a ser usadas para consumo humano, dado que en este caso los caudales a tratar serían muy altos.

3.- La economía es la principal fuerza impulsora que mueve a los sectores productivos e industriales a implementar acciones que ayuden a minimizar el consumo de agua. Por lo tanto, estas acciones se llevarán a cabo solo cuando permitan recuperar las inversiones realizadas en un corto período de tiempo. Esta es una visión muy sesgada del problema dado que se deberían incluir también los costos de los problemas sociales y ambientales asociados a la escasez hídrica, los cuales, en la mayoría de los casos, son asumidos por el Estado.

sector forestal

El sector forestal lidera el consumo de agua total en Chile (superficial, subterránea y aguas lluvias), con un 59%.

En Chile faltan incentivos económicos para que todos los sectores productivos e industriales traten de disminuir su consumo de agua, mejorando así su gestión interna. Sin su cooperación, estas acciones se tomarán solo en aquellos casos en que el balance económico de las mismas fuese positivo para la empresa. Sin incentivos económicos, habrá muchos casos en que los costos asociados a dichas acciones acabarán penalizando los de producción y, por lo tanto, haciendo menos competitiva a la empresa. También se debería llevar a cabo una mayor fiscalización por parte del Estado en los casos de consumo inadecuado del agua y/o de vertido incontrolado de residuos líquidos, con el fin de proteger los recursos hídricos.

En resumen, el agua es elemento vital en la economía chilena y se necesita que el Estado tenga una visión global y a largo plazo sobre cómo el cambio climático va a afectar la disponibilidad de los recursos hídricos. De esta manera, se podrían tomar medidas que, a corto plazo, pueden ser impopulares pero eficaces pensando en la estabilidad económica del país y, también, en la calidad de vida de las personas en el futuro.

Artículo publicado en InduAmbiente N° 163 (marzo-abril 2020), págs. 42-46.

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